lunes, 24 de agosto de 2009

GORGOL, nonagésima vez.

No sé si es la nonagésima vez o la ducentésima pero que me conozco todas las piedras de ese barranco...eso seguro. Ayer, como de tarde tenía que trabajar con el Ecomuseo de Jaca, y por aprovechar la mañana a remojo, nos fuimos con Pol y su hermano al barranco en cuestión. Entramos a las ocho y media de la mañana para evitar a las empresas que lo hacen a piñón durante todo el verano. Agua justita y, curiosamente, muy fría. Hice una cosa que no había hecho nunca. Me dió por llevarme unas gafas de bucear y, al menos, he conocido una parte del lecho del río que normalmente no es visible. La verdad que las badinas por abajo son interesantes. No hay ni un puñetero pez pero si que había un mosquetón que, gracias a mi gran capacidad pulmonar (nótese el tonillo sarcástico) lo pescamos. (Ahora sale el listo de turno y me dice que es el mío, que lo perdí el otro día, que le tenía mucho cariño, que me lo dió mi abuelo en su lecho de muerte...). En gasoil lo tengo sumergido que estaba fosilizao.
Pues nada, solo eso.
Ah sí!!, cuando salimos había tropezientos coches de barranquistas cambiándose para hacerlo. Algunos de ellos nos han preguntao que si habíamos dormido dentro. Nosotros, por supuesto, les hemos dicho que si.
Cuatro cervezas en Biescas, (medio bolinga pa casa a las 11 de la mañana ¡José Miguel que vergüenza!) y a otra cosa lepidóptero.
Hala pues...