lunes, 27 de julio de 2015

II ANDADA DE SOBREPUERTO

Segundo año que organizamos la andada de Sobrepuerto y segundo año que me voy a casa el
domingo sin querer irme, deseando que aquello dure un poco más, que se me ha hecho corto, que esos dos días de monte, convivencia y buen rollo deberían ser una semana y que al año que viene tenemos que intentar, si es posible, superarnos.
Este año el recorrido varía con respecto al pasado. De hecho, variará todos los años con idea de recorrer todo ese territorio, de visitar todos sus pueblos y de que la gente se haga idea del valor extraordinario que tiene y de lo desprotegido que está ante desmanes, atropellos, pistas, basuras e incendios.
Seis de la mañana del sábado 11 de julio. Puntuales y con los ojos a medio abrir, 32 personas más seis de la organización aparecemos por la plaza de Yebra donde ya espera un autobús.
Una vez organizados los equipajes y hechas las presentaciones y la entrega de documentación, partimos hacia Barbenuta.
El autobús no puede entrar en el pueblo, así que nos deja en un cruce donde vamos ya directamente a Espierre. Pasamos cuando ni los perros se han despertado. Visitamos por fuera la iglesia y continuamos hasta una de esas joyas escondidas que muy poca gente conoce, la ermita de la Virgen de Palarriecho.
Una vez visitada, continuamos hacia San Chuan, donde volvemos a parar, y de allí a la fuen d'os comos donde almorzamos.
Desde el primer momento, se respira buen rollo, cercanía de la gente e interés por la actividad. Una gozada, oiga....
Terminado el almuerzo, un repecho que a algunos se les atraganta, nos lleva a la ermita de San Benito de Erata, uno de los hitos importantes de la travesía y donde paramos un buen rato. Algunos subimos a la cima de Erata, otros simplemente, se dejan empapar de paisaje, de Sobrepuerto, de historia.... y espera que esto no ha hecho más que empezar.
La bajada hacia Ainielle se hace larga. Los erizones han reconquistado, en apenas dos años, aquellas laderas y hoy el camino prácticamente ha desaparecido engullido por estas plantas. Por contra, nos regala un tapiz amarillo que da gusto verlo....si no pinchara tanto.
El trozo de senda que atraviesa o fabarón de Ainielle tampoco está mucho mejor... Hay que acometer una limpieza rápida de alguna de estas sendas si no queremos que el dinero que se gastó hace unos años no haya servido para nada.
De una manera o de otra, llegamos a Ainielle donde les tenemos reservada una sorpresa a los participantes. Jorge ha conseguido llegar con el todo terreno, jugándose el físico casi, hasta el mismo pueblo para evacuar una persona con molestias en una rodilla y, sobre todo , para traernos una nevera hasta arriba de cervezas, cocacolas y demás bebidas frías como el morro de  los perros que son recibidas con entusiasmo por todos (incluido el que esto escribe que, pese a saberlo, se apreta un par de galimbas que ni le tocan)
Pues ya que estamos, vamos a comer aquí... y así de paso, el que quiera, podrá bajar al visitar el molino y a remojar sus carnes en el barranco.
Así lo hacemos. Comemos y mientras algunos se entregan a la molicie, la apatía y la abulia, otros bajamos al río donde, después de visitar el molino, nos metemos hasta el cuello en las pozas.
Ya estamos preparados para continuar.
Con pereza va moviendo la gente y cogemos el polvoriento, pedregoso y caliente camino que nos lleva, previa sudada, al cuello de Ainielle.
Lo que queda ahora es una larguísima pista que nos llevará, con paciencia, buen andar y sobre todo conversación a 38 bandas a la Cruz de Basarán.
Allí, nuevamente, parte del grupo se queda en la sombra y otra parte continuamos hacia Basarán, solar natal de los antepasados de alguna de las participantes.
Ya no queda nada, pero este último trozo se hace largo... Hay que coger la pista que lleva de la Cruz de Basarán a Cillas, donde paramos y visitamos el pueblo, y luego la senda que nos lleva a Cortillas donde nos están esperando, nuevamente, cervezas, vino, y agua a diferentes temperaturas.
Mientras los participantes se cambian de ropa, se asean o descansan, los organizadores nos liamos a preparar la cena (unos más que otros se lía quizir...) mientras otros nos dedicamos a mantener alta la moral de la tropa (que no hace ninguna falta, a fe mía...), a charrar con unos y con otras o a curar pequeñas heridas y ampollas.
Cenamos.... como pa una boda... allí, por faltar no falto de nada y encima, a los postres, Enrique saca una guitarra y una armónica y nos deleita con un montón de canciones que nos hacen bailar, disfrutar, conversar o soñar en un ambiente absolutamente perfecto... pocos días este año han sido tan felices y no es una exageración.... los que estuvisteis allí lo sabéis.
La noche se alarga entre bailes ¡Cuántos años haría que no bailaban seis o siete parejas en Cortillas!, tragos, conversación y risas hasta que la cordura y el respeto a los que ya hace ratos que duermen, se impone.
Domingo 12 de julio.... a mi, dormir en Cortillas me da dolor de cabeza... lo mismo me pasó el año pasado.... o eso o los tragazos que nos echamos ayer hasta altas horas me están pasando factura.... pero vamos, nada que no pueda arreglar un ibuprofeno.
Ya hace ratos que mueve gente. Otros remolonean más pero, más pronto que tarde, todos estamos sentados y desayunando para encarar la segunda parte de la travesía.
Recogemos, limpiamos, cargamos el coche de apoyo y emprendemos la senda de las Arrayualas que nos llevará a Santa Orosia en poco menos de tres horas.
Recorrida hace un año, estaba perfectamente limpia gracias a la buena labor, perseverancia y trabajo de Enrique Vidania pero la naturaleza en Sobrepuerto se muestra inclemente... igual que coloniza ruinas, cierra caminos y éste necesita un repaso urgente si queremos seguir disfrutando de él.
Con pequeños percances sin consecuencia (incluido perderme dos veces, lo que acarrea los abucheos inmisericordes de la gente que llevo detrás) llegamos a Santa Orosia donde comprobamos con
regocijo que ya se han iniciado las muy necesarias obras de  restauración de la techumbre de la ermita. La visitamos, claro, nos lavamos en la fuente y bebemos hasta que nos cansamos de esa agua sagrada.
Quizá lo más duro de toda la travesía fue la bajada por el camino de Yebra desde el puerto hasta esta población. Calor, cansancio, mucho calor, muchísimo calor y calor agobiante hasta abajo por un camino ya conocido y, por tanto, de los que hacen mella.
Eso sí, el premio, una vez en Yebra no pudo ser mejor. Cerveza de las gordas en el ¡¡¡¡¡¡bar de las piscinas!!!!!! y remojón enorme, lúdico, refrescante, alegre e inolvidable de todos los participantes y participantas previo a una comida donde corre la paella, el vino, el buen humor y la mejor compañía.
Poco a poco, la gente se va marchando. Algunos tienen viaje largo hasta sus lugares de origen. Despedidas, apretones de manos, besos... probablemente habrá cosas que mejorar, pero estoy (estamos todos los organizadores) que la gente se lleva un grato recuerdo (algunas imborrable probablemente) de unos días maravillosos, con gente maravillosa en un lugar maravilloso.
Ya estamos preparando la tercera.
Hala pues...

Pd. He cogido un par de fotos a Moisés Muñoz (se que no le importará)

miércoles, 15 de julio de 2015

LAPAZOSA, OTRA VEZ.

Gudmornin everibodi. ¿calor verdad???? Pues esto no es nada comparado con lo que se nos debe estar viniendo encima... ya aprenderéis a quemar combustibles fósiles, echaros laca y comer hamburguesas.
Pues na, que como hace un calor que te torras, el martes pasado nos fuimos Pol, Urbez y yo, después de currar, a uno de los barrancos más chiripitiflaúticos del Piri, el barranco de Lapazosa en Bujaruelo. Gentes venidas de todas partes para bajar por este agujero y nosotros podemos hacerlo en una tarde tonta. es lo que tiene vivir en el paraíso. Es más, a las cinco de la tarde estamos en la cabecera. Un barranco por el que deben de bajar un centenar de personas al día lo tenemos pa nosotros solos y lo bajamos en la más absoluta soledad, con el sol entrando a cañón en las pozas y con el agua a temperatura de spa de lujo. Como quien dice, en las mejores condiciones.
Pues eso. Dos horas y media, recreándonos, saltando, gozándola con el agua... solo eso.
Unas cuantas foticas para que me quede constancia y para que os comáis las uñas de la envidia mientras subís, un poco más, el aire acondicionado.... ya veréis la factura al mes que viene ya.... juas, juas, juas...
Hala pues...
 
 
 

lunes, 6 de julio de 2015

TRES DÍAS A REMOJO.

Tres de siete. Si por mi hubiera sido, esta semana pasada hubiera acabado todos los días en algún
barranco pero, es que hay que trabajar si queremos seguir contribuyendo al estado del bienestar (al del rey, la reina, las elefantitas, los ministros, los senadores, los consejeros, los consejeros delegados, los vicesecretarios, los secretarios, los banqueros, los delegados de banca, los presidentes de la comunidad autónoma, sus primos, sus consejeros.....) Calla, calla.... que me enervo.
Bueno, pues eso, que después de currar, con un calor que es un suplicio, el lunes me llama Andrés y Bea que si nos vamos a remojar... a donde sea... da igual. Bea no ha bajado el barranco del Infierno, muy cerca de casa y allí que vamos.
Como siempre. Quizá un poco escaso de agua pero, aún así, refrescante, divertido... y con el aliciente de que nos han subido a la cabecera en coche, lo que nos ha ahorrado una hora de pateada con un calor insufrible y las galimbas que nos echamos a la salida lo que hacen de ésta una tarde fresca, húmeda e inmejorable.
El sábado sabadete, es la amigaza Pirene la que me propone un plan al que no me puedo negar. Nada más y nada menos que ir a mi querido Forcos (barranco a Glera para los puristas y barranco de Otal para todos) acompañado de ella, tres amigas y un mozo, por eso de la paridad supongo... Franchesco se llama, italiano, como habréis podido  adivinar.
Es sueño de cualquier guía tú. Ir a un barranco fácil tirando a muy fácil, bonito, tirando a muy bonito y acompañado de cuatro pibones dicharacheras en un día radiante.
No solo eso. Además me llevo al Yeti con lo que el perro montañero desde hoy se convierte también en perro barranquista.
Precioso día el que pasamos. La única nota negativa la pone el Yeti que, literalmente, se ha despeñao en un salto que, por otro lado, podría haber bajado tranquilamente por un lateral. Pero el bicho éste, pa mi que es inmortal. Sobrevivió cinco días perdido en Guara y a dos caídas mortales de necesidad en el pico d'as Escuellas, se mete en el rebufo del canal en Biescas y sale solo... así que no le iba a pasar nada en un lugar tan conocido y querido por ambos como es Sobrepuerto.
Pues nada, que nos explayamos, nos lo tomamos con calma, pachorra y tranquilidad y llegamos a las pozas de Bergua, en la confluencia con el barranco d'a Pera, donde nos quitamos casco y neopretos y nos dedicamos a tomar el sol durante un rato largo mientras, el que esto escribe, sin saber muy bien como, me pego un hostión en la cabeza con una rama que me hace sangrar abundantemente. Menos mal del instinto protector de las chicas que me acompañan que me tratan como un rey, me curan y se preocupan de mi estabilidad física y emocional mientras yo me dejo querer....
El día acaba, como no, en el camping de Fiscal ante una jarra de cerveza y contando divertidas anécdotas montañero-festivas.
Y por último, el domingo, por esos caprichos del destino y de la toponimia, volvemos al barranco de Otal, pero esta vez de Bujaruelo.
Vamos Pol y yo dispuestos a conocer un barranco del que habíamos oído hablar (siempre bien) y que, pese a su cercanía, nunca habíamos visitado.
En Bujaruelo todo el mundo tira al Lapazosa. No me extraña, es un barranco precioso, largo y divertido pero nosotros vamos a otro, cercano, más difícil (dicen) y menos frecuentado.
Y tanto... mientras que una romería tira hacia el puerto de Bujaruelo, nosotros nos vamos solos hacia el idílico, bucólico y fotogénico valle de Otal.
Llegamos arriba, vemos que el río baja con bastante agua pero asequible así que en una praderita cuajada de lirios nos cambiamos y nos echamos una cerveza.
Mientras lo hacemos llegan dos navarros con las mismas intenciones que nosotros. Así que hacemos equipo y vamos al lío.
Desde el primer momento ya vemos que aquello no va a ser un paseo. Mucha agua, muy resbaladizo y bastante técnico. Eso sí... el paisaje es espectacular y el barranco tiene rincones para quitar el hipo.
Cascadas de longitud media, pozas de agua verde esmeralda... un paraíso que pretendo inmortalizar con la cámara pero que, al trastearla, veo que ha fallecido. La verdad es que llevaba ya mucha guerra, muchos barrancos y mucho trote.
así que os tendréis que conformar con unas fotos malas con el móvil que os darán una idea de lo majo y recomendable que es este agujero.
Una zona estrecha, donde toda el agua se canaliza hacia una marmita estrecha y con rebufo marca el punto clave y donde hay que extremar las precauciones para que esto siga siendo un disfrute y no se convierta en otra cosa.
Después de dos horas de movimiento ininterrumpido, el barranco desemboca en la garganta de Ordiso que baja  hasta las trancas de agua.
Glup! Y ahora que hacemos???? la única salida es cruzar esos rápidos, sortear ese rebufo comebarranquistas que se ve allí, evitar aquel drosaje que se adivina a la izquierda y vete tú a saber cuantísmas putadas más....
Afortunadamente, nuestros acompañantes pamplonicas, que tienen ganas de llegar a San Fermín en vez de palmar a lo tonto en este agujero, estuvieron la tarde de antes mirándoselo y vieron lo que podía ser un escape que evita este tramo.
Ni nos lo pensamos. Trepamos por una grieta que, no sin dificultad, nos deja en los prados próximos a la pista desde donde vemos que, efectivamente, aquello está imposible para nuestro nivel de aguas bravas y que hemos hecho de cojón en escapar por el único sitio que podíamos hacerlo.
Remojón en el puente de Oncins para quitarnos el calor y el sofoco de la escalada y senda hacia San Nicolás a donde llegamos con ganas de celebrar que hemos conocido un barranco que merecía la pena conocerse, que nos hemos librao de pasar un rato jodido en el Ordiso y que nuestros nuevos amigos nos invitan a ir a conocer barrancos de aquellas tierras mientras que hacemos votos de volvernos a ver las veces que hagan falta... con gente así sí que da gusto ir al monte.
Pues na, dos jarras de cerveza pa cada uno y a por otra cualquier día de estos.
Hala pues...

martes, 23 de junio de 2015

PERDIGUERO Y CRESTA DE LITEROLA.

Pues mira, que al final, después de mil planes cancelados, de varias personas que iban a venir y que, por una razón o por otra no vienen, que si es la Quebrantahuesos y a mi me hace tilín ver pasar tíos con piernas depiladas,  que si hace mucho calor o que el Zaragoza sube a primera... al final somos Kankel y yo los que cogemos carretera hacia Benasque en un día radiante que promete lo mejor de si mismo... además estamos en la noche previa al solsticio. Nada puede salir mal.
Sin prisa, ya que tenemos el día por delante, llegamos a Castejón de Sos y paramos  a echar una galimba con nuestra amiga Silvia (ella bebe acuarius que pa eso está grávida, encinta y preñada) que anda por allí mientras que su partenaire (y padre, suponemos, de la criatura) baja barrancos con sus amigotes.
Buen rato de charrada antes de continuar a Benasque donde comemos como marqueses, sentados, con plato, mantel y cubiertos... ya verás que manera sudar luego, ya...
Con pereza, y andando como tentetiesos, cogemos coche otra vez y nos plantamos en el parquing del valle de Literola, desconocido (para nosotros) afluente del Ésera y por donde pretendemos subir hasta nuestros objetivos.
Jodo petaca... empieza esto fuerte!!!. Si unimos al calor, lo que pesan los mochilones, la hora que es y la cuesta empinada como picha de novio por medio de un pinar, el primer tramo se hace muy duro hasta que se sale a campo abierto y la subida cede un poco.... pero es un espejismo porque, enseguida, continúa ganado altura entre bucólicos prados tapizados de miles de flores.
Llegamos a la altura de la cabaña de Literola, que habíamos barajado como primera opción para dormir (y así nos evitamos la tienda, que nos estamos volviendo muy señoritos).
Bueno, pues que no, que continuamos subiendo, a veces en suave ascenso y a veces por tapias que incluso hay que ayudarse de manos y pieses hasta llegar a lo que se intuye que será el fin del recorrido por hoy, un estrecho que sirve de umbral a la cuenca lacustre del ibonet de Literola donde pretendemos dormir... o al menos pasar la noche. Tres horas hasta aquí y una buena sudada.
El ibón es un paraje idílico, de postal, de esos donde los elementos se han aliado para crear un lugar mágico. Joder, y hoy casi es noche solsticial... ¿¿¿qué más se puede pedir??? Pues que haya un sitio sin nieve y mínimamente llano para poner la tienda, por ejemplo. Por que si, queridos y queridas amiguitos y amiguitas. Casi toda la superficie de la cola del ibón, el único sitio llano, está llena de nieve y/o con escorrentía de fusión lo que hace  difícil encontrar un sitio aparente para montar la
tienda. Una pareja que ha llegado antes que nosotros se ha colocado en el único sitio decente así que nosotros, tras probar en dos o tres sitios, nos colocamos cerca de ellos, apenas separados por un brazo de río.
Montamos la tienda y nos dejamos llevar por la molicie, la apatía y la abulia mientras vemos como el sol declina y se esconde por detrás del Perdigueret, pikachu que tenemos casi sobre nuestra vertical.
Llega otra pareja. Parecía que no pero aún hay sitio para una tienda más. Cruzamos cuatro palabras, nos dicen que pretenden hacer lo mismo que nosotros mañana y nos disponemos a preparar la cena con toda la ropa que llevamos pues la temperatura ha bajado escandalosamente.
Mientras engullimos unos fideos chinos y nos preparamos un té, la pareja que ha llegado primero (y que hace ratos que se han metido dentro de la tienda) se entregan a festejar el solsticio de la mejor manera que se les ocurre, a la vez que nos hacen partícipes de su entusiasmo amatorio y/o sexual. ¡Qué bonito! La noche en la que  triunfa el sol sobre la noche, quizir, simbólicamente la vida
sobre la muerte, los colegas aquí, dándole a rituales vitales y fecundantes... lástima que no me atraes nada, Kankel... que si no, te iba a poner mirando pal Perdiguero a ti también.
Bueno, pues que nos echamos a dormir, cada uno en su saco y en posición encontrada y así pasamos la noche... sorprendentemente cómodos (por el sitio) y calientes (por el saco, se entiende...).
Ocho de la mañana. Nos levantamos, desperezamos y nos preparamos un café.
Día radiante, hermoso, de los que apetece empezar a trepar. Así que dicho y hecho. Nos equipamos y empezamos a subir por una tapia que nos lleva al llamado Collado Ubago, donde confluyen las cuencas de Literola y Estós. Aquí nos alcanzan la otra pareja que ha dormido con nosotros (en otra tienda y separados ¡ojo!) y que pretenden hacer lo mismo que nosotros, es decir, el Perdiguero y sus 3222 m. de vellón y, ya que hemos subido hasta aquí, bajar por la cresta de Literola. Maja gente. De Barcelona aunque ella, Lupe, es de Monzón. ¿De Monzón? Conocemos una pareja que hace monte de allí.. se llaman Juan Carlos y Silvia. ¡Claro que los conozco!!! ¡¡¡Silvia es amiga mía!!!!! Amos, no me jodas!!!! Qué pequeño es el mundo, coño. Pues nada, que con más motivo vamos a ir juntos hoy... ya sabes la canción esa de los amigos de mis amigos son mis amigos.... uh!!! Vaya lío!!!!  Los amigos de mis amigos son mis amigos!!!!!!!!... estoooooo, bueno, a lo que iba.
Que pasamos por el insignificante hito este del Perdiguero y, al poco nos encaramamos a la cima donde llego sorprendentemente descansado.
Pues mira, ya que estamos aquí, nos desviamos un poco a pisar el otro insignificante hito, esta vez el oeste y volvemos a la cima donde ya empieza a llegar gente desde todas las vías de este gigante pirenaico vigilados por el Poset, los Cabrioles, el Maupás y un montón de peñascos más que sobrepasan la mágica cifra de los 3000 m sobre el nivel de Salou.
Un bocado rápido y empezamos a descender por la arista de Literola.
Sin ser difícil, la cresta no es un paseo. Hay que prestar atención en muchos puntos, hay que destrepar y hay que buscar el mejor paso en un caos de bloques de granito de todos los tamaños, formas y colores.
La primera cota que se pasa, considerada también uno de los 212 tresmiles, es la Tuca de Literola a la que siguen el Pico Royo, llamado así porque la naturaleza geológica ha cambiado radicalmente y andamos sobre lajas y arenas de esquistos rojizos  y la que tiene más prominencia de toda la cresta y merece llamarse pico; la Punta de Literola.
A partir de aquí, la cresta parece caer en picao y, si no fuera porque sabemos que por aquí se puede bajar  y es relativamente fácil, nos acojonaríamos al ver el abismo que se abre delante, a nuestra derecha y a nuestra izquierda.
Pues con cuidadín, mirando siempre donde ponemos los pies y asegurándonos antes de cargar el peso sobre los bloques, nos situamos debajo de la aguja de Literola, la última cota reseñada y que es, ni más ni menos, un peñasco un poco más alto que los demás y al que hay que acceder, desde un mini collado, escalando una chimenea situada a la derecha.
Pues ya poco queda... apenas unos metros de descenso casi vertical nos dejan en un nevero que nos da paso, al poco, al collado de Literola donde termina la cresta.
Un ratito de descanso y charrada y nos calzamos los crampones para bajar por el gigantesco circo que termina en el hermoso, semihelado y fotogénico ibón blanco de Literola.
Parecía que ya se habían acabado las dificultades, pero no... resulta que, una vez alcanzado el desagüe del ibón ,  debemos bajar por un nevero con inclinación cercana a la vertical... y va, y a Kankel se le parte un crampón.
Sin posibilidades de arreglo, tiene que bajar con uno solo, cosa complicada porque aquello se inclina muy mucho.
Al final, con más problemas de los previstos, entre unos y otros, llegamos a la cola del ibonet y de allí a las tiendas donde, ahora si que si, se acaban las dificultades y nos podemos relajar comiendo, bebiendo y holgazaneando un rato.
Lupe y Víctor se van. Nos despedimos y hacemos votos de volvernos a encontrar en alguna de éstas y nosotros nos quedamos porque nos da una pereza que te cagas desmontar el campamento base e iniciar una bajada que sabemos larga e inclinada.
Al final lo hacemos, claro, y con unas mochilas que sorprendentemente pesan más que a la subida (o eso nos parece) cogemos camino hacia abajo siguiendo las aguas del torrente recién nacido que se despeña en busca del valle.
Menos mal que la flora está en su máximo apogeo y da gusto descubrir a cada paso especies interesantes, fotogénicas o simplemente bellas.
Y así acaba un finde memorable. Por la climatología, la actividad, la compañía y los paisajes.
Solo falta abrevar lo suficiente como para reponer todas las sales perdidas y afrontar el viaje de vuelta a casa, que mañana es lunes.
No hay track. No se qué coño le ha pasado al gipi y se ha vuelto loco en muchos lugares. De todas formas, en esto de internete hay suficiente información como para que os hagáis una idea de lo que ha sido esto (porque, desde luego, con esta crónica, estoy seguro que no os habéis enterado de nada...)
Hala pues....

martes, 9 de junio de 2015

TOZAL DEL MALLO, DESDE ORDESA

Parece mentira ¿verdad? pero nunca habíamos estado en la cima del mítico, icónico, estético y fotografiado Tozal del Mallo de Ordesa. Así que el sábado sabadete día de nuestro señor del 30 de
mayo, con riesgo de tormentas horrorosas de magnitud 9 sobre 10 en la escala del Richar, nos vamos a encaramar a esa peña de forma y manera que, cuando los elementos se alíen para jodernos la jugada, nosotros estaremos ya, como poco, echando una galimba en el bar de la pradera.
Ocho de la mañana en Biescas. Me viene a buscar Pol que, últimamente, se prodiga poco en esto de salir por el monte.
Al poco llegamos a Ordesa, aparcamos y retrocedemos por el conocido y recorrido muchas veces camino de Carriata que, previa sudada y buen andar, nos deja en la base de la clavijas homónimas.
Pues na, bienvenidos al mundo dolomítico, vertical y calizo de Ordesa donde la gravedad es ley y los sarrios los únicos dueños... con permiso de treparriscos, chovas y demás pajarillos y pajarracos que nos animan el día con sus vuelos, trinos y graznidos.
Las clavijas de Carriata  (o Salarons) son fáciles. Son dos escalones verticales y una pequeña grieta en la que se clavaron, hace décadas, hierros como pa una boda de forma y manera que siempre hay un agarradero para manos, pies o cola como hacen los titís de Bormeo.
Las subimos sin mayor contratiempo y nos colocamos en el umbral que, depende el tiempo, las ganas y lo que llevemos pensado, nos llevaría a saber: A la espectacular Faja de las flores, al Tozal del Mallo o a los llanos de Salarons y de allí al Taillón, los Gabietos, la brecha, Sarradets, Lourdes, Tolouse, Chamonix y el Mont Blanc previo paso por la aguja de Goûter.
Como hemos dicho, habiendo estado en todos los demás sitios nombrados, nos desviamos hacia el único que nos falta y que, desde allí, lo tenemos al alcance de nuestras piernas.
Una vira que llanea y se adapta a las paredes que tenemos a nuestra izquierda, nos lleva a una especie de istmo que une el tozal con el resto del mundo y que nos habla, bien a las claras, de las espectaculares fuerzas telúricas y las erosiones subsiguientes.
la cosa es que es un paseo, una vez superadas las clavijas, llegar a la cima de tan señera, simbólica y sorprendentemente alargada cima.
Vistas espectaculares en todas direcciones y el cañón de Ordesa a nuestros pies.
Nos entretenemos un rato largo en recorrerla hasta el mismo borde del abismo, hacemos fotos y miramos al cielo donde las anunciadas tormentas ni se ven ni tiene pinta de que lleguen.
Así que, como esto ha sido un paseo, pergeñamos un plan B que consiste en bajar desde este peñasco y coger, en vez la senda de descenso, la de Racón que nos llevará, entre bosques, fajas y recovecos ordesiles, a la base de la cascada de Cotatuero, así alargamos un poco más el día que se nos está haciendo corto.
Pues nada, que a eso nos aplicamos. Variamos un poco el descenso y lo hacemos por el paso de la fajeta, más bonito a fe mía para coger la senda que nos lleva, primero en suave ascenso y luego en suave descenso al valle paralelo de Cotatuero donde luce su cascada, que hoy baja soberbia.
Con la tontería y charrando tranquilamente, se nos ha hecho la hora de comer. Lo hacemos justo donde se inicia la Faja Canarellos, continuación lógica de la que llevamos pero que, por esta vez, la perdonamos.
Después de aliviar los estómagos y los pies en el agua helada del barranco, continuamos por sendero conocido y mil veces pisado a empalmar con el que baja de la Cola de Caballo y de allí al bar directos donde cae, nos la hayamos ganado o no, una galimba de las grandes.
Finde tonto, de transición y el párquing  petao de gente. Es que, Ordesa es mucho Ordesa.
Pues nada... al final, ni tormentas ni nada. Últimamente nos están fallando mucho en esto de la previsión... que ya, que ya se que no es una ciencia exacta y que la atmósfera es un sistema donde reina la entropía  pero jodo petaca... si hiciéramos caso de las previsiones catastrofistas no saldríamos de casa.
Bueno, que ya termino. Que, aunque está todo suficientemente señalizado y pateado, aquí tenéis el track de una ruta muy recomendable.
Hala pues... pídeme un orujo si eso... que me voy a mear.