lunes, 14 de julio de 2014

I ANDADA SOBREPUERTO (y 2)

Madre mía que dolor de cabeza!!!!!! ¿Será la altura? No, estamos apenas a 1300 m. ¿Habré dormido
mal? Pues no, me dicen que roncaba como un gorrino y que no me he enterado de nada en toda la noche. Y esta botella de güisky vacía??? A ver si va a ser eso???? De una forma o de otra, me arrastro dando tumbos al refugio donde han dormido la mayoría en busca de la señora de las drogas. La mayoría están moviendo ya y David hace ratos que ha preparado las mesas y está haciendo café. Joder, que gustazo!!!! La señora de las drogas me administra un ibuprofeno que, junto con el café de cafetera, me deja nuevo en unos minutos.
Desayunamos como en un buffet libre y con buen ánimo recogemos el refugio y nos disponemos a concluir estas dos jornadas intensas de convivencia y buen rollo.
De momento, toca ir de Cortillas a Sasa. Y el camino, para variar, empieza bajando que, parece que no, pero también anima... Así que en apenas una hora nos plantamos en el valle del barranco d'a Balle donde yace, cautivo y desarmado, lo que queda del orgulloso molino de Casa Cosme. Hace unos años lo visité por primera vez y se podía apreciar toda la maquinaria. Hoy, apenas se puede andar por entre las ruinas.
Unos metros nos separan de las movedizas y casi peligrosas pasarelas que cruzan el río. Hoy, sin embargo, no supone ningún problema vadearlo por un lateral aunque algún@ se arriesga a pasar por encima ante la atenta mirada del resto que esperan, como buenas personas que son, que se cruja, se caiga al agua y tengamos material para descojonarnos durante muchos días.
Una subida suave y umbría nos lleva a Sasa donde paramos un rato para ver lo que queda de las antaño altivas casas señoriales e infanzonas. Como es pronto, vamos a coger el precioso camino que parte de este pueblo y que nos llevará a la Pardina Fenérs.
La verdad es que yo tengo debilidad por este paraje. Es lo más cercano al paraíso que hay en estos contornos. Bosques, prados y ríos... no hay abismos, no hay peñas, ni riscos, ni escarpaduras.. solo bosque cerrado y montañas de perfil redondeado.
Aquí paramos a almorzar mientras se levanta viento y en el ambiente se respira esa  sensación de que, más pronto que tarde, nos va a caer la mundial.
Tampoco nos preocupa demasiado... hasta Bergua queda un corto paseo por medio de un bosque denso y tupido que nos hará de paraguas llegado el caso. Así que almorzamos, nos hacemos fotos y nos entregamos a unos minutos de asueto y holganza que nos los hemos ganado y el lugar bien lo merece.
En fin, que cogemos la pista que nos llevaría Fiscal para dejarla a nuestra izquierda y coger otra que enlaza, a su vez, con la que de Bergua va a Sasa. La seguimos un rato y nos metemos en el precisos camino que, rodeado de paredes y musgo, nos lleva directos a nuestro objetivo. Y aquí sí, aquí empieza a llover como si no lo hubiera hecho en muchos días y nos jode el final de la travesía. Más todavía, había previsto una comida campestre de todos los participantes y allegados y ahora a ver donde coño la hacemos.
Nuestra salvación se llama Teresa y su bar "La Tiendecita".  La invadimos,  la ocupamos y ella, con una sonrisa, nos deja hacer. Así que, como podemos, nos apretujamos los 30 de la travesía, más algún invitado de la Asociación Amigos de Sobrepuerto, más los Gaiters de Samianigo que habían venido a darnos la bienvenida, más alguno de los autores de la guía que se va a presentar en apenas dos horas, má algún@ allegado de uno y de otro, somos más de 50 los que disfrutamos de una ensalada y un fidegüá maridado, magistralmente, con vino rancio.
Ha dejado de llover. Ha salido un sol tibio que reconforta y que hace corta la sobremesa. Tanto que hay que recoger a toda prisa para irnos a la preciosa ermita de San Bartolomé de Bergua (afortunadamente salvada de la ruina... parece hasta raro y todo...) donde se procede a presentar, rodeados de muchísima gente, -¿Qué tendrá este paraje que no deja indiferente a nadie y el que lo conoce se enamora de él?- la Guía de Sobrepuerto donde numerosos autores hemos volcado lo mucho (o lo poco en mi caso) que sabemos de este rincón privilegiado y casi perdido del Pirineo.
Y se acabó. Lo que pretendía ser un experimento ha superado, con creces, nuestras expectativas.
La presentación de la guía a sido la excusa, pero visto lo bien que ha salido, los días tan majos que hemos pasado y la gente tan chachipiriguay que ha andado por estos caminos, ya estamos cavilando la II andada... Esto lleva camino de convertirse en un clásico.
Hala pues...

miércoles, 9 de julio de 2014

I ANDADA SOBREPUERTO (Parte I)

Bueno, pues ya está. Después de varias reuniones (con merienda incluida), cientos de correos, guasaps y llamadas cruzadas y un accidente de última hora de una de las personas que más habían trabajado y apostado por esta actividad, las asociaciones O Zoque de Yebra y Erata de Biescas, organizaron, el fin de semana del 5-6 de julio la I Andada de Sobrepuerto con dos motivos fundamentales, a saber: Divulgar los valores patrimoniales, culturales, deportivos, paisajísticos y medioambientales de ese espacio que un día quiso ser espacio protegido y que por culpa de media docena de impresentables no lo fue y presentar al respetable la guía definitiva de Sobrepuerto escrita por varios autores de renombre, cada uno en su campo, y por el que esto escribe que, aunque no es un autor de renombre ni falta que le hace, también fue convocado para participar en esta magna obra.
Sábado a las seis de la mañana en la plaza de Yebra. A ella acuden 28 personas apuntadas más cinco de la organización. Pese a que la mayoría de gente no se conoce entre sí, empieza a respirarse buen rollo. Nos organizamos con los coches y arreamos para Bergua donde aparcamos.
Los primeros momentos de cualquier grupo que no se conoce son siempre igual. Uno, que ya lleva muchos años en estos menesteres, intenta motivar, hacer participar y romper los grupúsculos para que interrelacionen entre ellos... esto lo aprendí hace muchos años ya en un curso que creo que se titulaba algo así como Psicología y pedagogía aplicada a actividades en el medio natural o algo así.... cuando en el monte se buscaba algo más que segregar adrenalina y subir a más de 3000 m.
Bueno, pues que no hace falta aplicar esos conocimientos. Que enseguida la gente se interrelaciona, habla y comenta mientras alguno empieza a sudar subiendo a Escartín.
Llegamos al pueblo. Hoy se celebra la XVI Fiesta del recuerdo en la que se reúnen exhabitantes, descendientes de éstos y amigos de este pueblo. Ya subió un grupo ayer. Varias tiendas de campaña dan fe de ello aunque gente, lo que se dice gente... no se ve hasta que no nos ponemos a pasear por las calles y los sacamos de su letargo.
Almuerzo en una era, un poco de charrada para irnos conociendo y vamos a buscar el camino de Matils que anda que no nos queda ni nada...
De Escartín a Otal hay una buena tirada. Se sube mucho en la primera mitad para mantenerse justo en el límite del bosque y bajar en picado hacia el pueblo. Todo el camino se sigue bien y en él, encontramos innumerables huellas de la vida que hubo por esos parajes. Campos, paredes, casetas, bancales.... todo en acelerado proceso de ruina. Somos la última generación que lo verá esto en pie... Eso sí, la naturaleza se muestra exuberante, exultante, fértil y feraz como pocos años por estas fechas.
En Otal visitamos su arruinada iglesia. BIC desde 2004, nuestro Desgobierno no debería habérsela dejado caer ya que es responsabilidad suya el mantenerla en pie. No lo hicieron, claro, es mejor destinar dinero a eventos ruinosos como la Expo y se cayó. Es lo que tienen los edificios, que si no se mantienen se caen. Poco después, y ante la presión de varias asociaciones, (mientras otras escondieron la cabeza o los jalearon de forma servil) anunciaron a bombo y platillo que la iban a restaurar y que las obras empezarían la primavera pasada. Como siempre ¡Los cojones! Estamos gobernados por sinvergüenzas que mienten impunemente y sin que se les exija ninguna responsabilidad. Y esta es una más, quizá no la más importante, pero da idea de la calaña de gente a la que votamos y, lo que es más grave, mantenemos a cuerpo de rey (y reina, e infantas, y cuñados, y escoltas, y asesores, y los del protocolo, y los jardineros de palacio, y....). En fin... que vamos a seguir con lo que nos ha traído hasta aquí. De momento damos una vuelta para ver  lo que va quedando de sus casas y comemos al lado del nogal de la plaza.
Como anécdota curiosa se enamora de Pol y de mi una Rosalia alpina. Para muchos es un cuco asqueroso y azul, para otros un bioindicador de bosques bien conservados y de naturaleza prístina que, como la iglesia, merece la mayor de las protecciones.
Una vez comidos y alguno dormido, y aún a riesgo de motín del que hay algún conato, continuamos la marcha bajando a coger el recién nacido barranco de Otal.
Por senda bien maja, umbría y boscosa, cruzamos el río un par de veces hasta dar con el vehículo que nos sirve de apoyo.
Pensamos que sería buena idea llevar una nevera llena de galimbas y otras bebidas al único sitio de los que vamos a transitar en el que se puede llegar con coche... Pues mira sí, ha sido buena idea... hay que joderse, la gente con qué poco se conforma.... Claro que echarte una cerveza fresca allí tiene mucho más mérito que echártela en casa repantingado en el sofá viendo Mira quien salta (por poner uno de los mejores programas de la parrilla televisiva).
Hidratados y salados, continuamos por la orilla izquierda del barranco. Primero por pista y luego otra vez por sendero precioso que nos lleva al simpar, singular y sorprendente puen d'as crabas.
Algunos ya lo conocía pero otr@s se quedan embobados con un lugar donde el agua, la roca y la vegetación se conjugan de forma perfecta. No en vano los antiguos ya vieron, en la conjunción de estos tres  elementos, manifestaciones de la divinidad que, hoy por hoy, deben activarse todavía en nuestro córtex cerebral cada vez que llegamos a alguno de estos parajes.
Apoteosis de fotos, exclamaciones y vueltas por un lado y otro. Aunque nos queda un buen rato aún, no me importa perder aquí todo el tiempo que haga falta para que la gente disfrute del paraje.
Pero al final hay que volver a la "dura" realidad. Tenemos delante más de 400 m. de desnivel para subir a Basarán y por un camino no demasiado limpio. Aún así, la gente lo coge con buen ánimo y alegría (la conjunción galimba+belleza natural debe tener algo que ver) y nos plantamos en Basarán casi sin enterarnos.
Poco se puede ver en este lugar y la ermita de la virgen (ante la promesa de ver otra gemela en Cillas) la dejamos allá, mirando con su aspillera vacía el desarrollo del valle del Forcos o Glera.
De Basarán a la cruz y de allí a Cillas se hace sin parar y sin hablar. Llevamos ya una buena somanta y la gente está más por llegar y descalzarse que por ver piedras desubicadas. Aún así, recorremos Cillas, visitamos la ermita de San Vicente pese algún conato de rebelión (esta vez con motivos) y ya, sin más demora, vamos a Cortillas donde ya vemos fumiar a chaminera.
Efectivamente. David nos está esperando con todo preparado para cenar. Y cuando digo todo, digo todo. Desde cerveza fresca a chorizo y chulla como pa una boda, sin olvidar a nuestr@s amig@s vegetarianos que tienen menú especial acorde con sus querencias (que no comparto pero respeto.... con lo bueno que está el chorizo ¡por Dios!).
Claro, hay vino y cava y hasta licores espirituosos, de forma y manera que, tras los postres, los muchos se van a dormir y los menos salimos a la plaza donde la noche discurre plácida entre buena conversación, y buen rollo al principio y descojonos generalizados al final mientras esculamos lo que queda de una botella de güiski... lástima de no tener música. Este tema, para el año que viene, habrá que pulirlo un poco.... Hala a dormir, que son las dos de la mañana y hay que madrugar... pero eso, ya será otra historia.
Hala pues...

miércoles, 2 de julio de 2014

BARRANCO DE FORRONIAS

Había una vez, en un valle muy lejano, muy lejano, cerrado por unas montañas muy altas, muy
altas, un barranquillo muy bonito, muy bonito que unos chicos y alguna chica muy valientes, muy valientes, querían bajar. Pero mira por dónde que había un alcalde muy malo, muy malo, que se sacó de la manga un decreto por el que prohibía su descenso a cuenta de no sé qué  traída de agua que resultó que era papel mojado (nunca mejor dicho) porque un alcalde no te puede prohibir bajar por un río que, por lo visto, debe ser propiedad de otras administraciones. Destituido, muerto o derrocado el alcalde susodicho, (que te mandaba a la benemérita a poco que te veían sacar cuerdas de un maletero aunque fuera o fuese para ahorcarte en un árbol próximo) se abre la veda para bajar dicho curso de agua, -o barranco- que, además por su belleza, deportividad e interés medioambiental bien merece una visita -o dos-.
Así que, por una cosa o por otra, ninguno de los valientes montañeros lo habían bajado pese su obviedad desde la carretera del balneario, excepto uno que lo había hecho (el bajar, se entiende), por última vez, el día 18 de junio de 1995.
Sobre él recae la responsabilidad de buscar y encontrar el camino de acceso pese a que, desde que lo bajó por última vez, el Pirineo se ha elevado 6'43 cm y el barranco, probablemente, se habrá ahondado un par de palmos, pulgada arriba, pulgada abajo.
Aún así, el valiente montañero despliega todas su dotes de orientación, rastreo y guiaje (bueno y un gps) y lleva a sus amiguitos y amiguita a la cabecera del barranco en un plis plas sin dudar, titubear ni vacilar un ápice.
Llegados a este punto, constatan con alegría y cierto temor que en la cabecera (que siempre o casi siempre está seca) baja agua abundante y que ésta se incrementará notablemente por un par de surgencias, auténticas curiosidades a la vez que bellezas naturales, que encontrarán por el camino (descenso, en este caso).
Desayunan tranquilamente, se avían con los instrumentos propios y necesarios para realizar la actividad a la que han sido convocados en este paraje e inician el descenso.
El barranco presenta un marcado perfil en V  desarrollado sobre calizas y, aunque nunca se llega a cerrar, la belleza va in crescendo conforme bajan y descienden las numerosas cascadas, resaltes, escalones y marmitas que les salen al paso.
Más o menos a la mitad, un rumor sordo y aparentemente lejano les delata la existencia de la supraescrita surgencia que, como si la rotura de un dique de contención se tratara, amenazada con reventar la montaña,  tal es la presión y caudal que sale por esa raja húmeda, voluptuosa y epicúrea como pocas. Tal es la sensualidad y belleza del lugar que las parejitas (cada cual que piense lo que quiera) se arrogan a un festival de besos, tocamientos y roces que hacen subir la temperatura ambiental bastante más que la del agua que, ahora mismo, es fría de cojones.
Tres cascadas, tres...(cataratas o saltos de agua se entiende en este caso) son las que les quedan para finalizar esta actividad gozosa, divertida y solaz que promete un fin de fiestas casi épico dado que las cascadas (o cataratas) que quedan por descender son largas como un día sin pan y el caudal, ahora mismo, se ha incrementado alomenos un cuatrocientos por cien con respecto al que han disfrutado en cabecera.
En la cascada (o catarata) antecedente (¿o precedente?) la que va después, coño!!!! de la surgencia les asalta una duda que, pertinazmente, les rula por la cabeza. Si llegarán las cuerdas y, en caso afirmativo, si habrá debajo un rebufo comebarranquistas dado el incremento notable del caudal. Tras acalorada deliberación, mandan a uno de los valientes en misión exploratoria  mientras éste, consciente de su funesto destino, les increpa y les asegura, que si sale vivo de ésta, no les vuelve a hablar nunca más.... todo esto de buen rollo, of course.
Pues bien. No hay problema. Ni en esta ni en la subsiguiente pese a que ésta presenta una marmita colgada con paredes pulidas y profundidad variable que les hace patinar, resbalar y resoplar para salir de ella más de lo que, por dignidad, sería deseable.
Una última cascada (o catarata) les queda para rematar la faena. Y ésta es la más larga, de cuarenta y pico metros de vellón de los cuales, más de la mitad, son volados.
Y ya está. Pese a las dudas y reticencias iniciales y finales, el guía valiente los devuelve otra vez al coche sin dilación y sin dudar para concluir la jornada (al menos en lo que se refiere de su parte barranquista-aventurera) en el cortijo de la novia de uno de ellos mientras éste les deleita con un concierto de violonchelo (con más voluntad que acierto) entre trago y trago de cerveza.
Hala pues...

jueves, 26 de junio de 2014

PUNTA ESCARRA Y PALA DE IP.

Aprovechando el solsticio, los días largos y caniculares y huyendo de aglomeraciones y biciclistas
cinco valientes montañeros y una aguerrida fémina (montañera también, por supuesto) decidieron hacer algo que llevaban en mente hace muchos días. Nada menos (y algo más) que coronar el conocido como "Cervino del Pirineo" o Punta Escarra para los que gusten de la toponimia tradicional. Pico de singular belleza, lo mires como lo mires, y que atrae las miradas de los miles de ejkiadores que cada año ejkian en Formi y, de paso, nos sacan del hambre y la indigencia a los pobres aldeanos que vivimos en estos valles remotos y retrasados de los adelantos modernos.
Bueno, pues como algún listo ha decidido cortar las carreteras mientras se desarrolla una prueba cicloturista (y de paso dejar colgados y aislados a unos cuantos miles de personas) la madrugada es seria, llegando al puente de los Peregrinos de Canfranc allá las seis y media de la mañana.
Emprendemos camino ya conocido y hollado hace pocos días, aunque la temperatura y el ambiente cuasi amazónico nada tiene que ver con aquella fallida excursión.
Así que sin demorarnos más de lo imprescindible, en escasas tres horas, nos plantificamos, nuevamente, en el refugio de Ip. Hoy está ocupado por Nicolás y Jesús, dos pamploneses que están interesados, a partes iguales, en las truchas del ibón y en las montañas que les rodean. Dejamos parte de los trastos (Roberto y yo vamos a pasar allí la noche), echamos un bocao, intercambiamos cuatro palabras de cortesía e iniciamos la subida hacia la punta Escarra que, desde allí, ni se ve ni se intuye. Llegamos a un nevero en el que apreciamos grandes manchas de color rosado. Pese a lo que pudiera parecer, ni ha habido allí un asesinato ni se trata de un fenómeno extraño producido por agentes extraterrestres. Se trata de la proliferación de un alga microscópica llamada por los que tienen estudios Chlamydomonas nivalis, que medra sobre nieves viejas y que le confiere ese curioso color rosado. Estoy pensando en llevarme un poco, criarla en el congelador de casa y vendérsela este invierno que viene a la flamante familia real para que, cuando se vayan a esquiar a Baqueira con el dinero de todos nosotros, hagan un posado de lo más chic, para las revistas de papel couché. Os imagináis a la futura reina Doña Leonor de Borbón y Ortiz  acompañada de su hermanita ¿Cómo se llama esa cría?  y de la manita de su glamurosa madre y de su apuesto padre enfundados todos en monos de esquiar de Gucci y sobre un fondo de nieve rosa??? Me encaaaaaaanta!!!!! ¡Qué glamur! ¡Qué belleza y campechanía a la vez que porte, distinción y prestancia!!!!! ¡Viva la familia real! ¡Viva! ¡Vivan los Borbones que abandonan al populacho cuando ven la cosa jodida!! ¡¡Vivan!! ¡Viva la nieve rosa! ¡Viva! ¡¡¡¡Viva la Roja que todo lo gana!!! estooooooo, venga va, que se me está yendo de las manos... seguimos subiendo.
La traza, si la hay, se desdibuja aunque la dirección es evidente. hay que dirigirse al noreste del circo que cierra la cubeta del ibón entre praderas primero, canchales después y algún nevero carmesí con tonalidades fucsias.
Sorpresivamente, aparece ante nosotros la cima que pretendemos conquistar. Aún nos queda una buena subida hasta un collado y unas trepadas a la pirámide cimera.
Roberto no se encuentra bien y se da la vuelta allí. Los demás, con paciencia, tranquilidad y poniendo un pie delante del otro nos encaramamos al collado (donde desemboca el famoso corredor norte de Escarra) donde nos aviamos con cascos, arneses y demás artilugios que hemos subido hasta aquí para algo más que llevar peso en las mochilas.
Las trepadas no tiene mayor dificultad que la altura que vamos ganando y que, a cada paso que damos, el abismo crece en todas direcciones.
Me cuesta un rato subir. He descubierto músculos que no conocía y que se contracturan como si les metiera corriente pero, aún así, nos encaramamos todos a esa punta rodeada, ahora mismo, por nubes tormentosas por todos lados.
Dos fotos, un apretón de manos y un beso pa la moza y todos para abajo antes de que se desencadenen los elementos en este pararrayos lítico y natural.
La bajada la hacemos rauda y veloz. Tanto que en apenas hora y media estamos descalzándonos en la puerta del refugio donde nos juntamos con los de Pamplona y con Roberto que, al darse la vuelta, se ha encontrado con unos capullos que había allí y que se iban mangándole un piolet suyo y una camiseta sudada mía que habíamos dejado con el argumento de "como estaban allí...." Pa flipar. Mecaguensuputamadre. Por mierdas como ésta me da asco el género humano. Hace falta ser muy cutre y muy miserable para mangar una camiseta sudada en un refugio de montaña aunque, últimamente, menudean las noticias de este tipo.
Bueno, después de cagarnos en sus muelas, comemos y pasamos el rato charrando con unos y con otros. Silvia, J.C, Pol y Kankel se van hacia el valle, los de Pamplona a pescar y Roberto y yo a echarnos la siesta en las colchonetas del refugio con permiso de las p*t*s moscas.
La tarde discurre plácida, entre siestas, cacerías de monstruos alados, paseos para estirar músculos, conversación y fotos a flores, que está todo que da gusto verlo. Además, las tronadas que han amenazado todo el día, se han disipado y se ha quedado una tarde de lujo.
Nicolás se ha empeñado en pescarnos alguna trucha para cenar y hasta prepara fuego y todo en previsión de conseguirla. A todo esto, llega una pareja de madrileños dispuestos a pasar la noche en el refugio también, así que ya estamos todos para charrar un buen rato, ver una apoteósica y solsticial puesta de sol y cenar (sin trucha) hasta cerca de la una de la madrugada.
Dormimos unos mejor que otros. Yo debo tener la conciencia bien tranquila porque no me entero de mis ronquidos pero estos otros dicen que sí... que ronco como un cochín farto coles.
Al día siguiente, cuando nos despertamos, Nicolás nos ha preparado un café... joder macho, gente que ayer a estas horas no conocías de nada y ahora, en apenas unas horas, las consideras más amigos que muchos de tus conocidos de toda la vida. ¡Que placer echarse un café caliente viendo amanecer allá arriba!
Venga va. Hoy vamos a enfilar la Pala de Ip. Y nos va a acompañar Jesús, que está ya un poquito hasta los huevos de que las truchas le toreen.
Así que desayunamos (con café) y emprendemos la subida por prados herbosos y cuajados de flores primero y cascajeras después hasta colocarnos en la base del corredor entre la Pala y la Moleta.
Aquí sacamos los pinchos y en cuatro patadas nos plantamos en el collado donde se amplían los horizontes en todas direcciones.
Parece que ya estamos, pero aún queda una buena tirada primero por la vertiente sur y luego por el mismo filo de la cresta hasta coronar la Pala de Ip un monte de belleza singular, al que ya subimos hace unos años. y que tiene 2779 m. de altura, 26 más que la punta Escarra a la que nos encaramamos ayer y que ahora vemos justo en frente nuestro.
Nos estamos buen rato en la punta. Al contrario que ayer, hace un día espectacular y ni una nube enturbia el cielo. Claro que, al final, hay que bajar y lo hacemos en menos que canta un gallo. Cuando nos damos cuenta estamos otra vez en el refugio.
Nicolás y Jesús comen en un periquete, preparan sus macromochilas donde llevan desde cañas de pescar hasta piolets y/o sartenes y se van a sus feudos.


Nosotros aún perreamos un rato antes de organizar nuestras mochilas y emprender un camino ya conocido que, con el calor que hace, se nos hace eterno. Menos mal de la profusión, variedad, multiplicidad y sorprendente exuberancia de la flora que nos acompaña y que me permite dar un descanso a mis recalentados pieses cada vez que paro a hacer fotos.
Al fin, llegamos al coche y emprendemos la vuelta a casa no sin antes echarnos una macrogalimba en Villanúa. Nos deben ver la cara porque nos la ponen en una jarra helada que hace que se nos salten las lágrimas y que tengamos que contener las ganas de saltar la barra y apretarle un morreo a la camarera, que se lo ha ganado.
Hala pues...

lunes, 16 de junio de 2014

BARRANCO DE FAGO

23 años. 23 años, que se dice pronto, hacía que no entraba en este agujero. Y no a sido porque le falte
belleza al paraje, ni por lejanía, ni por nada en concreto...simplemente que no se habían alineado los astros aún como para volver a este barranco del que solo me acordaba que era muy majo.
Y la oportunidad se produjo este finde después de muchos días de sequía barranquil. Claro que, entre orquídeas y brujas, llevaba unos fines de semana que, sin ser propiamente deportivos, han sido bien montaraces y entretenidos.
El caso es que Celia y Mamen me hacen partícipe de un extraordinario descubrimiento botánico (al menos para ellas y para mi) en Fago y, aprovechando la coyuntura, para allí que nos vamos el domingo Pol, Javi y yo.
Lo primero que hacemos es visitar a nuestras amigas que nos enseñan una extraordinaria colonia de Himantoglossum hircinum, conocida por los profanos como orquídea de lengua de lagarto. Salpicadas en torno a ellas, hay miles de Anacamptis pyramidalis, muchísimas Ophrys apifera y algunas especies más. Es decir, al lado del pueblo, hay un paraíso para estas plantas del que disfrutamos un buen rato. No hay prisa para meternos en el agua, que baja muy fría.
Al final se acaba la visita y Mamen nos acompaña en su coche de forma que nos evitamos la aproximación y/o el regreso andando. Jodo vaya deportistas de chichinabo.
La cosa ye que, cuando llegamos al aparcamiento de inicio (sí, hay aparcamiento y todo) éste está petao de furgonetas, coches y autocaravanas. Sin saberlo hemos cambiado de país y/o de región si atendemos al idioma que se habla allí. Excepto nosotros, que charramos en la lengua de cervantes aderezada con gotitas de fabla, solo se oye algo así como eskaralakakatúa y andestámiguitarrá.
Nos cambiamos tranquilamente, dejamos que marchen y entramos. Este barranquillo dicen que es difícil cogerlo con agua y lo cierto es que yo lo recordaba seco como el ojo un tuerto. Hoy no, hoy corre agua fresca y las primeras pozas nos reciben en su regazo entre exclamaciones más bien procaces por la temperatura del agua.
En el primer rápel cogemos al grupo precedente. Con la agilidad, limpieza y habilidad que nos caracteriza los adelantamos sin rozarnos siquiera con ellos.
El barranco se hunde entre grandes paredes, pulidas y panzudas mostrándonos toda su belleza, que la tiene. Multitud de puentes naturales de roca lo adornan. Nos devanamos los sesos imaginando como se han formado y no alcanzamos a entenderlo. Si alguien sabe como se han podido formar, por pura curiosidad, estaríamos muy interesados en saberlo.
Pasado un primer estrecho, el barranco se abre pero continúa entre grandes paredes. Hasta entra el sol de forma que el juego de luces es espectacular.
Otro rápel nos vuelve a hundir en las entrañas de la Gran Madre. Éstas, con la particularidad que después de dos o tres saltos llegamos a una poza donde, aparentemente, no hay continuidad. Se trata de un sifón negro como mi alma y que la única opción que te deja es trepar por una cadena puesta al efecto para superarlo. Recuerdo perfectamente este sitio hace 23 años. Fue el único sitio donde había agua y el sifón se podía pasar con un mínimo buceo que hoy ni nos planteamos.
Antes del último rápel adelantamos a otro grupo numeroso. Acabamos en una glera llena de cantos rodados que habremos de seguir durante un buen trecho hasta encontrar un hito a la derecha que nos indica un camino que nos sube, previa sudada corta, a la carretera donde volvemos a oír el idioma prerromano que nos ha acompañado durante todo el descenso.
Nos cambiamos y cogemos carretera hasta el pueblo de Majones donde buscamos una sombra para comer.
Damos, mientras se calientan las judías, una vuelta en torno a la extraña iglesia románica. Triabsidial, con aditamentos posteriores que le confieren una estructura rara. Apetece verla por dentro aunque el maestro Omedes nos hace una  muy buena visita virtual en su página inexcusable para los amigos de las piedras viejas.
Falta algo para que le día sea perfecto. Y, como no hay bar en este pueblo, lo vamos a buscar un poco más abajo, en la Canal de Berdún.
Las galimbas (grandes) caen sin tocar. Venga va, a ver si no tardo otros 23 años en repetir este agujero.
Hala pues...