viernes, 3 de julio de 2009

FLORES EN EL BALNEARIO DE PANTICOSA


Ayer por la tarde, aún a riesgo de que nos cayera una tronada como viene siendo habitual esta semana, nos fuimos con Maxi, Pol y los críos al Balneario de Panticosa a fotografiar flores.

Hacía ya varios años que Maxi me quería enseñar donde salían droseras y, por una cosa o por otra, todavía no habíamos ido. Yo, por mi parte, era una planta que llevaba dos décadas buscándola y siempre se me había resistido.

Empezamos a subir por el camino a Brazato y, en apenas 15 min, en una zona de escorrentía cuajada de pinguiculas, empezamos a mirar. Nos costó un rato pero, al final, allí estaba. Una vez vista la primera, empezamos a ver bastantes más. Parecerá una tontería pero, el buscar una planta durante años y al final encontrarla supone una alegría inmensa. Allí estaba, minúscula, rodeada de otras plantas y haciendo lo que hace una planta carnívora; cazar pequeños insectos para compensar la carencia de nitrógeno del hábitat donde vive. Todavía no ha florecido y, me prometí a mí mismo, que volvería, dentro de quince días, para verlas más desarrolladas y en flor.
De ahí, cogiendo el camino del Bozuelo, subimos hasta las balsas de Lumiacha. No había oído ese nombre en mi vida. Maxi había estado trabajando en las obras de los ibones, hace más de cuarenta años, y se acordaba del camino y de la extraordinaria variedad florística de ese enclave.

La verdad es que siempre vamos a los mismos sitios. Habré subido decenas de veces por el camino de Bachimaña, siete veces al Garmo Negro, tres a las Argualas, tres o cuatro por el camino de Brazato pero, aquí, no había estado en mi vida. Y la verdad que es un sitio interesantísimo. A la innegable belleza del entorno hay que unir la enorme variedad de flora que pudimos ver (y fotografiar). Los rododendros en flor, Aquilegia pyrenaica (no la había visto en mi vida), Saxifraga intricata, montones de Sempervivum montanum toda florecida y una mata enorme, con cientos de flores, de la bellísima Lilium pyrenaicum (La foto que abre la entrada). Había bastantes más, claro, pero no es plan de hacer un inventario ahora. La bajada la hicimos por el camino de subida hasta un desvío que nos llevó a los llanos de Bozuelo y, de allí, por el camino normal que, desde la Casa de Piedra, sube a Bachimaña por la cuesta d'o flaire. Cuatro horas, parando montones de veces ha hacer fotos. Da gusto andar con Maxi. Más cerca de los ochenta que de los setenta y anda como un sarrio. (Yo, a mi marcha -decía-que me canta el pecho) ¡Joder! ¡Ya querría yo andar así a los cincuenta!. Y, encima, te recita de memoria y sin un error, el nombre científico de la mayoría de las plantas que le salen al paso. Pa que veas. Un montañés ganadero-albañil-ilustrado y autodidacta. Aquí querría yo ver algún universitario.
Hala pues...