martes, 15 de diciembre de 2015

PEÑAS DEL RELOJ, DESDE EL IBÓN DE PLAN.

Sorprendente y desconocido recorrido el que nos hicimos el pasado puente de la prostitución inmaculada aprovechando anticiclones postotoñales y la ausencia de nieve.
Salimos de Biescas Pol y yo, recogemos en Villacloro a Kánkel y Roberto y arreamos a Ainsa donde nos juntamos con Ángel, que ha subido de Huesca.
Día espectacular el que pinta cuando nos metemos todos en la furgoneta, cogemos carretera al norte hasta desviarnos, pasado Salinas, al valle de Chistau. Enseguida veremos el desvío a Saravillo donde hay que coger una pista (previo pago de tres lereles) que tras 14 interminables kilómetros nos llevan, más mal que bien, al refugio de Lavasar donde, además de frío y escarcha, solo hay una furgoneta que ha debido pasar la noche allí.
Una helada de considerables dimensiones nos recibe mientras nos calzamos y emprendemos la marcha. En apenas quince minutos nos encontramos ante el idílico, evocador, mítico y fotogénico
ibón de Plan, o Basa de la Mora, uno de los espacios más visitados y fotografiados del Pirineo, entre otras cosas por su fácil acceso y la leyenda asociada que debe hacer que muchos suban en fechas solsticiales para ver la mora que supuestamente habita bajo sus aguas. Hoy, por mucho que queramos y por mucha alma pura que portemos, no veremos nada... más que nada porque no estamos en solsticio y porque el ibón está helado como una piedra y cualquier nereida, náyade, potámide o limnátide va a tener francamente complicado atravesar esa capa de hielo compacto.
Desvío a la izquierda, siguiendo las marcas del GR 15 y nos elevamos sobre la cubeta del ibón mientras nuestros pasos se encaminan, en franca dirección este, hacia la colladeta del Ibón que vemos en lontananza y que nos muestra la promesa de un sol que empieza a teñir de rojo las puntas.
Sin problemas, primero por cerrado bosque de pino negro, después por pastizales y al final por canchal asentado, llegamos a la collada donde luce un sol que reconforta, que nos muestra toda la Ribagorza bajo los dominios de las nieblas y que nos invita, ahora sí, a parar y echar un bocao mientras nos dejamos acariciar por los tibios rayos que devuelven la temperatura a la que debe estar un cuerpo endotermo para que funcione correctamente.
Después de la pausa, se acabó el paseo. Lo que tenemos delante es una ladera descompuesta de piedra suelta, en la que apenas se marca una senda y pendiente como picha de novio. La abordamos con buen ánimo. Más que nada porque el desayuno ha sido contundente y el vino, el turrón y demás alimentos hipercalóricos dan alas a nuestros pies.
De una forma o de otra, en poco menos de media hora, nos estamos asomando a los abismos que se abren sobre el valle de Chistau mientras, ojipláticos y babeantes, contemplamos el paisaje extraordinario que se abre ante nosotros. Desde el Aneto hasta Collarada... todo el Pirineo central al alcance de nuestros ojos.
Hemos salido muy cerca de la llamada "punta baja" a la que nos acercamos para contemplar lo que nos queda por recorrer. Nada menos que el reloj de sol más grande del mundo. Los habitantes de los pueblos que vemos 1500 m. más abajo, usaron estas puntas como reloj, conforme les iba dando el sol, dándoles los nombres de "peña las diez" (a la que vamos ahora mismo), las once (la más alta con sus 2651 m de vellón) y la de mediodía, separada de las otras por una arista sencilla pero muy larga y donde está el vértice geodésico.
Así pues, tras pasar por la peña las diez, encaramos la subida a la de las once (parada y trago de vino) mientras observamos que la de mediodía está aproximadamente a tomarpolculo de donde estamos.
Pues nada, que al final, claro, la alcanzamos tras 2,5 km de cresta de extraordinaria belleza y nula dificultad.
Ahora hay que coger una canal, muy inclinada al principio, que nos lleva directos a una pedrera inestable y de allí, por campas de hierba cada vez menos inclinadas, a buscar el camino de subida muy cerca del ibón, completando una circular magnífica.
Aquí nos aplicamos a comer, aprovechando el último sol que rueda por los puntones royos permitiéndonos, merced a un pronunciado collado, quince minutos más de calor y placer.
Pues ya está... solo nos falta retomar el sendero al refugio no sin antes acercarnos nuevamente al ibón, extasiarnos antes su belleza y fotografiar, de todas las formas posibles, los últimos  rayos que doran las puntas Llosal y Alta.
Pese a nuestra insistencia, y que alguno se atreve a andar sobre las aguas heladas, ni moras, ni ninfas ni náyades salen a nuestro encuentro. ¿Pues sabes que? ¡Que ellas se lo pierden! ¡Vamonos a por una galimba!.
El track del recorrido aquí.
Hala pues....

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Gran recorrido el que os marcasteis, apuntado queda para esta primavera, haber si con las nieves y después el deshielo, cojo el ibón bien de agua, que a veces está muy bajo, y no es lo mismo.

Un saludo

Pirene dijo...

Ya hace días que les tenías puesto el ojo... "croquetamente" desde que hicimos la senda del canal desde Bielsa... a que sí?

Bien guapa actividad, sí señor! yo me la reservo para primavera que me ha entrado frío de solo mirar.

Salud!