martes, 31 de marzo de 2015

BARRANCO DE SAN MARTÍN DE ARA.

Desde que se publicó la primera guía de descenso de barrancos en el Piri, la mítica de Pontroué-
Biarge allá por el año 1986, el que esto escribe se dedicó a la divertida afición esta de introducirse en agujeros húmedos.
Un salto cualitativo (y sobre todo cuantitativo) lo constituyeron, sin duda alguna, las dos guías (Pirineo y Sierras) de Biarge y Salamero en el año 1991. Más tarde llegaron otras, y otras más... la mayoría siguiendo el patrón de las ya editadas. Quizir, que no nos descubrían nada. Que barrancos "deportivos" hay los que hay y yastá...Que esto no es un mundo infinito y que la orografía da para lo que da.  Hasta que, en 2009, Alex Puyó y Ricardo Blanco publican "Senderos de agua del Alto Gállego" donde nos descubren, para asombro de los que vivimos por aquí, que hay muchos más aparte del Gorgol o Forronías. Algo ya sospechábamos cuando abrimos Santa Orosia y Caldarés pero es que, de repente, nos encontramos con nombres que no habíamos oído hablar en nuestra vida...  Costechal, Laulot, Gabarda... Bueno, lo cierto es que si que veíamos barrancos que se descolgaban desde las laderas cuando subíamos a hacer monte pero la idea que teníamos de "barranco descendible" era otra... a ninguno se nos hubiera ocurrido equipar (con el esfuerzo y dinero que costaba) el barranco de Argualas, pese a su evidencia... y mucho menos el de Peñacans por poner dos ejemplos. Y lo cierto, es que entre mucha morralla salen cosas muy decentes.... ya no hay grandes descubrimientos pero Ollaza, Rimalo o Piniecho bien merecen una visita... o dos.
Esto viene a cuento porque el sábado sabadete fuimos, siguiendo las indicaciones del libro "Senderos de Agua del Río Ara" de los últimos autores mencionados (esto de publicar libros, si el primero sale bien, se convierte casi en una obsesión y una obligación) a visitar uno de esos últimos descubrimientos, en este caso en la cuenca del río Ara. Y elegimos este, primero porque en las fotos sale muy majo, segundo porque, sin llegar a ser Sobrepuerto (lugar éste al que me une una intensa relación de amor-odio) cae muy cerca y tercero porque solo tenemos un rato por la mañana.
Así que nos juntamos en Broto Juan Carlos, Javier y el que escribe y, tras café, vamos a buscar la senda que nos sube en 45 min. a la cabecera previa exfoliación del tren inferior con aliagas, gabarderas, artos y demás plantas pinchudas. La senda se sigue bien, pero se nota que no se anda en exceso.
Una vez arriba, nos equipamos, echamos un trago de vino y un bocao y vamos al lío...
Me ahorro la descripción porque Javier se ha currao un vídeo bien majo y aquí lo veréis. ¿Merece la pena?, os preguntaréis después de esta chapa. Pues hombre... no es un Lapazosa, ni siquiera un Bergazo, muy próximo, pero para conocerlo una vez y como recurso si no tienes mucho tiempo o los otros bajan cargaos y os pasa como a nosotros que os quema el sofá en el culo, pues está bien. Tiene alguna zona francamente bonita, pero son cortas y las cascadas pues ni fu ni fa... para cogerlo divertido habrán tenido que caer cientocien litros por metro cuadrado, cosa que, el otro día, como podéis ver, no era el caso.
Así pues, para terminar donde hemos empezado me preguntaréis vosotros y vosotras que tenéis mentes inquietas e inquisitorias ¿Si llegamos a saber de la existencia de este agujero hace 20 años lo hubiéramos abierto? Pues, con toda seguridad, si.
En fin, que con esto declaramos oficialmente abierta la temporada de a remojo y que volvemos pa casa, previa galimba,  con la mente ya puesta en otros objetivos... la cosa va a ser no estar en casa, no vaya a ser que se nos caiga el tejao encima.
Hala pues.