lunes, 27 de julio de 2015

II ANDADA DE SOBREPUERTO

Segundo año que organizamos la andada de Sobrepuerto y segundo año que me voy a casa el
domingo sin querer irme, deseando que aquello dure un poco más, que se me ha hecho corto, que esos dos días de monte, convivencia y buen rollo deberían ser una semana y que al año que viene tenemos que intentar, si es posible, superarnos.
Este año el recorrido varía con respecto al pasado. De hecho, variará todos los años con idea de recorrer todo ese territorio, de visitar todos sus pueblos y de que la gente se haga idea del valor extraordinario que tiene y de lo desprotegido que está ante desmanes, atropellos, pistas, basuras e incendios.
Seis de la mañana del sábado 11 de julio. Puntuales y con los ojos a medio abrir, 32 personas más seis de la organización aparecemos por la plaza de Yebra donde ya espera un autobús.
Una vez organizados los equipajes y hechas las presentaciones y la entrega de documentación, partimos hacia Barbenuta.
El autobús no puede entrar en el pueblo, así que nos deja en un cruce donde vamos ya directamente a Espierre. Pasamos cuando ni los perros se han despertado. Visitamos por fuera la iglesia y continuamos hasta una de esas joyas escondidas que muy poca gente conoce, la ermita de la Virgen de Palarriecho.
Una vez visitada, continuamos hacia San Chuan, donde volvemos a parar, y de allí a la fuen d'os comos donde almorzamos.
Desde el primer momento, se respira buen rollo, cercanía de la gente e interés por la actividad. Una gozada, oiga....
Terminado el almuerzo, un repecho que a algunos se les atraganta, nos lleva a la ermita de San Benito de Erata, uno de los hitos importantes de la travesía y donde paramos un buen rato. Algunos subimos a la cima de Erata, otros simplemente, se dejan empapar de paisaje, de Sobrepuerto, de historia.... y espera que esto no ha hecho más que empezar.
La bajada hacia Ainielle se hace larga. Los erizones han reconquistado, en apenas dos años, aquellas laderas y hoy el camino prácticamente ha desaparecido engullido por estas plantas. Por contra, nos regala un tapiz amarillo que da gusto verlo....si no pinchara tanto.
El trozo de senda que atraviesa o fabarón de Ainielle tampoco está mucho mejor... Hay que acometer una limpieza rápida de alguna de estas sendas si no queremos que el dinero que se gastó hace unos años no haya servido para nada.
De una manera o de otra, llegamos a Ainielle donde les tenemos reservada una sorpresa a los participantes. Jorge ha conseguido llegar con el todo terreno, jugándose el físico casi, hasta el mismo pueblo para evacuar una persona con molestias en una rodilla y, sobre todo , para traernos una nevera hasta arriba de cervezas, cocacolas y demás bebidas frías como el morro de  los perros que son recibidas con entusiasmo por todos (incluido el que esto escribe que, pese a saberlo, se apreta un par de galimbas que ni le tocan)
Pues ya que estamos, vamos a comer aquí... y así de paso, el que quiera, podrá bajar al visitar el molino y a remojar sus carnes en el barranco.
Así lo hacemos. Comemos y mientras algunos se entregan a la molicie, la apatía y la abulia, otros bajamos al río donde, después de visitar el molino, nos metemos hasta el cuello en las pozas.
Ya estamos preparados para continuar.
Con pereza va moviendo la gente y cogemos el polvoriento, pedregoso y caliente camino que nos lleva, previa sudada, al cuello de Ainielle.
Lo que queda ahora es una larguísima pista que nos llevará, con paciencia, buen andar y sobre todo conversación a 38 bandas a la Cruz de Basarán.
Allí, nuevamente, parte del grupo se queda en la sombra y otra parte continuamos hacia Basarán, solar natal de los antepasados de alguna de las participantes.
Ya no queda nada, pero este último trozo se hace largo... Hay que coger la pista que lleva de la Cruz de Basarán a Cillas, donde paramos y visitamos el pueblo, y luego la senda que nos lleva a Cortillas donde nos están esperando, nuevamente, cervezas, vino, y agua a diferentes temperaturas.
Mientras los participantes se cambian de ropa, se asean o descansan, los organizadores nos liamos a preparar la cena (unos más que otros se lía quizir...) mientras otros nos dedicamos a mantener alta la moral de la tropa (que no hace ninguna falta, a fe mía...), a charrar con unos y con otras o a curar pequeñas heridas y ampollas.
Cenamos.... como pa una boda... allí, por faltar no falto de nada y encima, a los postres, Enrique saca una guitarra y una armónica y nos deleita con un montón de canciones que nos hacen bailar, disfrutar, conversar o soñar en un ambiente absolutamente perfecto... pocos días este año han sido tan felices y no es una exageración.... los que estuvisteis allí lo sabéis.
La noche se alarga entre bailes ¡Cuántos años haría que no bailaban seis o siete parejas en Cortillas!, tragos, conversación y risas hasta que la cordura y el respeto a los que ya hace ratos que duermen, se impone.
Domingo 12 de julio.... a mi, dormir en Cortillas me da dolor de cabeza... lo mismo me pasó el año pasado.... o eso o los tragazos que nos echamos ayer hasta altas horas me están pasando factura.... pero vamos, nada que no pueda arreglar un ibuprofeno.
Ya hace ratos que mueve gente. Otros remolonean más pero, más pronto que tarde, todos estamos sentados y desayunando para encarar la segunda parte de la travesía.
Recogemos, limpiamos, cargamos el coche de apoyo y emprendemos la senda de las Arrayualas que nos llevará a Santa Orosia en poco menos de tres horas.
Recorrida hace un año, estaba perfectamente limpia gracias a la buena labor, perseverancia y trabajo de Enrique Vidania pero la naturaleza en Sobrepuerto se muestra inclemente... igual que coloniza ruinas, cierra caminos y éste necesita un repaso urgente si queremos seguir disfrutando de él.
Con pequeños percances sin consecuencia (incluido perderme dos veces, lo que acarrea los abucheos inmisericordes de la gente que llevo detrás) llegamos a Santa Orosia donde comprobamos con
regocijo que ya se han iniciado las muy necesarias obras de  restauración de la techumbre de la ermita. La visitamos, claro, nos lavamos en la fuente y bebemos hasta que nos cansamos de esa agua sagrada.
Quizá lo más duro de toda la travesía fue la bajada por el camino de Yebra desde el puerto hasta esta población. Calor, cansancio, mucho calor, muchísimo calor y calor agobiante hasta abajo por un camino ya conocido y, por tanto, de los que hacen mella.
Eso sí, el premio, una vez en Yebra no pudo ser mejor. Cerveza de las gordas en el ¡¡¡¡¡¡bar de las piscinas!!!!!! y remojón enorme, lúdico, refrescante, alegre e inolvidable de todos los participantes y participantas previo a una comida donde corre la paella, el vino, el buen humor y la mejor compañía.
Poco a poco, la gente se va marchando. Algunos tienen viaje largo hasta sus lugares de origen. Despedidas, apretones de manos, besos... probablemente habrá cosas que mejorar, pero estoy (estamos todos los organizadores) que la gente se lleva un grato recuerdo (algunas imborrable probablemente) de unos días maravillosos, con gente maravillosa en un lugar maravilloso.
Ya estamos preparando la tercera.
Hala pues...

Pd. He cogido un par de fotos a Moisés Muñoz (se que no le importará)