martes, 13 de abril de 2010

FINDE MONTARAZ Y FEMINISTA

Fin de semana bien aprovechado ya desde el viernes. La verdad es que había ganas de tres días seguidos de buen tiempo. El viernes, después de currar, me hice con la bici la vuelta por Iguarra, senda de Astés y la bajada por la caseta las brujas. Descripción de la ruta aquí: http://pirineosrutasyflora.blogspot.com/2009/08/btt-biescas-la-madre-de-todos-los.html
El sábado habíamos quedado con Ana y Bego para hacer el Cuculo, San Salvador y bajar por San Chuan d'a Peña hasta Sta. Cruz. Después de la experiencia en el Bachesango, no les apetecía otra vez pisar nieve. Así que quedamos a las ocho en Sabi y a las nueve empezamos a andar. Dejamos el coche en el párking de Sta. Cruz de la Serós y cogemos la carretera que sube a San Chuan. Tres km. de asfalto, que se hacen largos, hasta coger, en una curva cerrada a la izquierda, la senda del barranco de la Carbonera, al lado de un depósito de agua contra incendios. La senda, muy bien marcada, sube primero por pinar, luego por zonas de roca y, por fín, se mete en un magnífico hayedo. Este último trozo presenta una pendiente considerable hasta llegar al collado que separa el Cuculo de la cima de San Salvador. Un bocao rápido mientras flipamos de la cantidad de narcisos que hay. Están casi todos, el alpestris, el asturianensis y el assoanus. Aparte de Gageas y alguna flor más de floración temprana. Desde allí hasta la cima del Cuculo nos queda media hora por una ladera cubierta de arizón. Desde la punta (1555 m.), se ve todo el Pirineo en pantalla panorámica, tecnicolor y Full HD. Desde el Anie hasta el Posets, pasando por Cotiella, Midí o el macizo de las Treserols. La temperatura ideal de la muerte. Ni gota de viento y el día claro que casi te permite ver la curvatura de la tierra. Hay veces que no hace falta subir a ningún 3000 para ver un paisaje extraordinario. Bajamos nuevamente al collado e iniciamos la subida, corta pero intensa, que lleva a la cima de San Salvador donde hay una pequeña ermita. Aquí el paisaje se amplía pese a ser un poco más bajo. Aparte de todo lo que se veía desde el Cuculo, aquí vemos toda la parte sur de los Pirineos. Peña Montañesa, Guara, Los mallos de Riglos o Peña Ruaba. Prácticamente media provincia desde apenas 1400 m. de altura. Parada en la ermita (otra ermita situada en lugares altos, otro lugar que nos habla de cultos pretéritos) y cogemos la senda que, bordeando toda la sierra de San Chuan, nos lleva al monasterio nuevo. Paredes verticales de varios cientos de metros de altura en el que, continuamente, vemos buitres, alimoches o quebratahuesos. Estos últimos han estado un buen rato volando encima nuestro mostrándonos sus habilidades aeronaúticas. Llegamos por camino perfectamente marcado hasta la pradera de San Indalecio tomada por cientos de domingueros que comen a la sombra de los grandes castaños de indias y pinos. Comemos mientras hablamos con un peregrino que está haciendo el camino desde Lérida y se queja de que no ha encontrado a nadie pese a ser año Jacobeo. Le decimos que, a partir de aquí, va a encontrar gente a espuertas haciéndolo y que, llegará un día, cuando tenga que dormir en un polideportivo atestao de gente, se acordará de esta conversación. Después de comer, cogemos la senda señalizada que nos baja a Sta. Cruz y, en apenas una hora, nos plantamos en el pueblo. Galimbas duplicadas en el Hotel Aragón (conocido desde siempre por el poco comercial nombre de Esculabolsas) y a casica. Muy bien. Muy majo. El año pasado la habíamos hecho esta ruta con raquetas. Nada que ver. Aquél día acabé reventao y hoy estoy como un pinchán.
El domingo, tras una mañana de asueto y relax, nos vamos por la tarde con Duli, Orosia y Rut (además de Chué, Rubén y Eloy para aportar un poco de testosterona entre tanto estrógeno) a comenzar la operación bikini. Salimos de Lárrede y subimos a la Torraza donde cogemos el camino que nos lleva a Susín. Perfectamente marcado, en suave ascenso (aunque, por lo visto, no es lo mismo lo que entiendo yo por "subida suave" y "llanear" que lo que entienden las mujeres) nos lleva al pueblo en una hora escasa. Antes se pasa por magníficos ejemplares de caxicos centenarios o por zonas de manantiales donde la frase Como no...ya me parecía raro que no encontráramos bardo la oigo mientras me hago el loco. Llegamos al pueblo sorteando una pared recién caída y que corta todo el camino. Angelines nos sale a recibir. Se queja de que nadie la ayuda y que el pueblo se está cayendo a pedazos. Esa pared, la verdad que tiene muy mala solución. Hay piedras como neveras caídas. Cualquiera las mueve. Qué brutos eran esos abuelos de antes. Después de un rato de charla cogemos el camino que va a Casbas (¡Jo tío!, ¡nos has dicho que, a partir de aquí era todo bajada y menuda subida que hay ahora!) hasta empalmar con una pista que seguimos durante un rato. A la derecha y sin señalizar sale un camino que nos baja, entre un magnífico pinar, a enlazar con el que hemos usado a la ida ya muy cerca de la Torraza. Millones de orugas de procesionaria en las sendas. Entre todos hemos hecho un buen genocidio de Thaumetopoea pityocampa pisándolas. De la Torraza a los coches en pocos minutos. Tres horas justas parando más de media en Susín. Pa ser que no me andáis nada no está mal. De ahí a Biescas donde caen unas galimbas y alguna, para prevenir posibles hipoglucemias, se aplica un pastel de chocolate que le ha debido sentar como los perdigones a los conejos.
Al día siguiente, todos con granos de las putas tiñas y yo, con un lumbago que lo flipas. Y es que, como dice el refranero, noches de artistas mañanas de payasos.
Hala pues....