lunes, 29 de abril de 2013

TRAVESÍA DE SAN ÚRBEZ 1. AÑISCLO-BUERBA

Pues resulta que uno, de vez en cuanto y pese a su secular misantropía, conoce gente extraordinaria.
Ayuda esto del internete que te comunica y te pone en contacto con gentes con tus misma aficiones, gustos y visión de la vida  que, de otra manera, sería muy difícil, si no imposible, llegar a contactar con ellos. Aunque no se porqué os cuento esto porque no es este caso que nos ocupa. Conocí a Arturo González y a Óscar Ballarín porque ambos dos son hombres instruidos, autores de varios libros, pero sobre todo son montañeros y montañeses, con una visión de la vida y de la extinta cultura pirenaica tan próximas a la mía que, tarde o temprano, el destino nos tenía que juntar y darnos a conocer. Al fin, el interés por las piedras viejas, los viejos caminos y la huella antrópica en el Pirineo solo interesa a cuatro piraos. Los mayoría de los que visitan el Piri, bastante tienen con hacer cola en el remonte de Crestas, coleccionar tresmiles o subir cada vez más alto, más difícil y más lejos, Borjamari...
El caso es que estos dos hombres (a partir de ahora amigos), se embarcaron en la aventura de escribir un libro sobre la vida de uno de los santos pirenaicos más desconocidos, San Úrbez. Pero no se han quedado en eso, en escribir una magna obra que va a ver la luz de forma inminente y que marcará, sin duda, un hito fundamental dentro de la bibliografía pirenaica de todos los tiempos como lo fueron en su día obras de Briet, de Satué o de Gari. Además, llevan años recuperando y limpiando viejos caminos de forma que unen todos los lugares vinculados de una u otra manera con este santo pirenaico. El resultado es un camino de casi 140 km, más de 6500 m. de desnivel positivo acumulado y que une lugares tan bellos, tan señeros y a la vez tan dispares como el Cañón de Añisclo y la iglesia románica de San Pedro el Viejo, en Huesca.
Este año he tenido el enorme placer y el privilegio de acompañar a un grupo de personas que, por quinto año, recorren esas ermitas, esos pueblos y esos viejos senderos.
Domingo 21. 8 am. Hora Zulu. Hotel Sánchez de Ainsa.
Llegamos desde Sabiñánigo Isabel, Antonio, Fidel, Pedro, Eduardo (que va a grabar, una vez finalizados sus trabajos sobre Compairé y sobre el 25 aniversario de la novela "La Lluvia amarilla" un documental relacionado con el libro y con la hagiografía de San Úrbez) y yo. Allí nos juntamos con gentes ya conocidas como Óscar, Arturo, Víctor (u León), Ignacio (u La Bestia de Sietamo) y Alfredo. Me presentan a Make a Iván a Álvaro a Leticia a Miguel Ángel y a José Luis.
Buen ambiente y buena conversación (cosa difícil de conseguir en estos tiempos) desde el primer momento.
Está todo perfectamente organizado. Subimos con dos furgonetas hasta Bestué y después, por la pista de Plana Canal, hasta la barrera que marca el límite del Parque Nacional de Ordesa. El motivo de empezar rodeados de este paisaje soberbio es que la primera mención de San Úrbez se produce en la Ripareta, en el interior del Cañón de Añisclo. El día, como si quisiera animarnos a iniciar la travesía, no puede ser mejor. Sol e inmejorable temperatura.
La pista bordea el impresionante tajo abierto por el Bellós sin ganar ni perder prácticamente altura pasando por el refugio de Plana Canal y el de San Vicenda. Aquí paramos a almorzar antes de bajar al fondo del cañón por el vertiginoso y espectacular camino de Foradiello. Hacía más o menos de 20 años que no pasaba por esta senda y casi no la recuerdo.
Aunque el día es inmejorable, ha hecho frío la noche pasada y hay abundante hielo.
Apenas hay flores. Las hayas aquí todavía no han brotado y solo algunas hepáticas, algunas prímulas y, sobre todo, varias matas de rompenieves y algunos tejos gigantescos  nos sorprenden durante este tramo del recorrido.
La bajado por Añisclo, no por conocida es menos espectacular. Algunas de las personas que nos acompañan nunca había estado aquí y son constantes las exclamaciones de asombro y las paradas para hacer fotos o contemplar el paisaje.
 Entre el día que hace y la conversación, sin darnos cuenta estamos en la ermita de San Úrbez, a la entrada del cañón. Aquí paramos a comer y a descansar mientras esperamos a alguien que vendrá a abrirnos una ermita que yo, nunca había visto por dentro. Además, me muestran deterioradas, inéditas y desconocidas pinturas rupestres y algunos detalles de arquitectura que me habían pasado completamente desapercibidos en otras visitas.
Nos abren la ermita, la visitamos por dentro, comentamos el retablo, entramos en el sanctasanctórum dejándonos empapar de siglos, de historia y de tradición mientras algunos oran y cantan los gozos al santo y otros, más prosaicos, hacemos fotos y tratamos de procesar todo lo que llevamos visto y lo que nos queda por ver.
Una vez visitada la ermita, cruzamos el puente llamado, como no podía ser de otra manera, de San Úrbez e iniciamos el camino llamado de Badina que, en franca subida, nos lleva a Vió.
En este lugar visitamos la casa donde, según la tradición, sirvió de pastor el Santo. Visitamos también su iglesia lombarda, pequeñita, preciosa, enmarcada con el sinigual telón de fondo de las Treserols nevadas.
De Vió a Buerba, final del recorrido de hoy, hay un paseo por un camino empedrado de esos que cada vez quedan menos.
En Buerba nos hospedamos en el acogedor Albergue Guardafuentes. Instalación en habitaciones con literas corridas, duchas comunes (que no compartidas), cerveza abundante y tertulia precena dan paso a una espectacular colación compuesta fundamentalmente por carne, carne y carne. De postre queso. Para bajarlo, por supuesto, hay que tirar de vino y orujo mientras la conversación se alarga.
Primer día de siete...anda que no pinta bien esto ni nada...aquí está el track de esta primera etapa
Hala pues, continuara...

martes, 9 de abril de 2013

LIMPIANDO SENDAS EN EL CULO DEL MUNDO

Cada vez queda menos para el magno evento al que he tenido la suerte de ser invitado. El domingo, tras un sábado donde, menos llover jadicos, vimos toda suerte de meteoros y fenómenos atmosféricos, habíamos quedado con parte de los integrantes del evento en cuestión para limpiar otro tramo de senda. Se adhieren solidariamente, cosa que es muchiiiiismo de agradecer, Silvia y J.C.
El día sale radiante, fresquete, pero sin una nube y sin viento. Quedamos a las siete y media con Isabel, su hijo, J.C y Silvia en Villacloro y nos desplazamos hasta el puente de Nocito donde llegan enseguida Oscar, Arturo, Ignacio, Fernando y Antonio. Presentaciones y subimos hasta Bail con todos los coches. Allí, dejamos los vehículos no  aptos y nos repartimos entre tres todoterrenos que quedan. Cogemos la pista que va a Abellada. Al principio está bastante bien pero, poco a poco, se va deteriorando hasta convertirse en poco más que una tiradera de madera. Paramos en lo que debe ser el culo el mundo, alejados de algo que parezca civilización en muchos km a la redonda. Hoy se trata de limpiar el antiguo camino que unía Solanilla, en el valle del Guarga, con Abellada en la vertiente del Alcanadre.
Como la última vez, hacemos la ida sin limpiar, constatando que, pese a que todavía se nota bien el trazado, la vegetación salvaje del caribe se ha adueñado de la senda haciendo, en algunos lugares, francamente difícil el paso.
Llegamos a un punto, llamado O corral de López. Topónimo curioso...probablemente venga del indoeuropeo  Corr "sitio donde crecen margaritas" alde "las primaveras" lopez "lluviosas".
El caso es que, de allí hasta el pueblo, está bastante más limpio a decir de Óscar y Arturo que controlan este terreno como el salón de su casa.
Paramos pues y antes de empezar a subir limpiando, almorzamos. ¡madre de Dios! Nunca. Jamás en mi vida he visto tal profusión de manjares. Bueno, en la boda de doña Letizia y su Alteza Real el Príncipe Don Felipe sí. Allí si que nos dieron bien de comer...quizá el centollo a las finas hierbas estaba un poco justo de sal y aquel ribera del Duero no maridaba demasiado bien con el faisán pero....estooooo, que me disperso. Decía que el almuerzo fue francamente exagerado, a la par que ameno y animado. Tanto es así, que, en un descuido producido, probablemente, por los vapores etílicos, me pego un tajo en el dedo con la navaja que casi me lo dejo como un caño de escopeta. Joderrrrrr y ahoga tiengo que goger una motosierrrrra ¡hip!.
Bueno, pues después de almorzar (y espabilao de golpe merced al corte éste que no para de sangrar)  empezamos a hacer lo que tenemos que hacer. Nos repartimos en grupos y nos entregamos a una orgía de poda, tala, limpia y aclareo dejando ese camino como la autovía A-23 Huesca-Jaca pero terminado, no a medias como la ha dejado Rajoy y sus 40 ladrones.
Pues eso, que casi no hay fotos por no hicimos más que currar bastante más que si nos pagaran.
Al final, acabamos bastante antes de lo previsto. Contentos y satisfechos de la labor realizada,  bajamos a los coches y los sacamos de donde están por
que lo que esta mañana era tierra helada ahora es barro resbaloso, pegajoso y deslizante.
Paramos a comer al lado de la fuente Bail. Parecía que ya no podía haber más comida pero sí, amiguitos y amiguitas, no solo aparece mucha más comida que para almorzar si no que hay mucho más vino y sidra y champán y pasteles y bizcocho al chivas y torta de chichones y cafeses de forma y manera que parece que estemos, en vez de en el monte de Nocito, en el macrobotellón de primavera en Granada pero sin drogas duras ni sexo, aunque viendo la foto no lo parezca. (lo del sexo, digo)
Bueno, pues al final, nos despedimos y bien comidos y bien bebidos, cada uno marcha a sus lugares de origen no sin antes quedar para otras actividades y/o eventos ahora que nos conocemos todos y todas.
Día fructífero en el que, aparte de limpiar sendas, algún@s hemos hecho planes (pese a reticencias iniciales) para realizar actividades de esas largamente ansiadas que incluyen agua abundante, cansera, noches al raso y largas combinaciones de coches....creo que los aludidos ya saben por donde voy.
Hala pues...

lunes, 1 de abril de 2013

PEÑA DE AMÁN Y PICÓN DE MEDIODÍA

Venga, va. Haciendo balance de la Semana Santa tampoco ha sido tan mala  ¿no? Al final hemos podido ir al monte, estar con la familia y amigos, echar tragazos, ver como los almendr...turistas dan vueltas por el pueblo como las grullas porque arriba hace malo y no pueden subir al norte, procesionar y ver llover ¿qué más queremos ?
Bueno, pues queríamos otra salida, con sol, a poder ser. Y para eso, hay que bajar a Guara donde casi siempre hace bueno. Además teníamos en mente una ruta por esas zonas cercanas y a la vez desconocidas que no te lleva a grandes picos ni a barrancos cañeros. Se trata de una ruta de alto valor ambiental, paisajístico y faunístico ¿los buitres son fauna? Ah! pues entonces sí, de alto valor faunístico. Y también deportivo, jodo, que al final hemos acabao cansaos...
Bueno, el caso es que salimos de Biescas a las ocho y a las nuevemenosalgo estamos aparcando un poco más al norte de San Julián de Banzo. Pero no en el parking que va a San Martín, en otro más al oeste.
La senda baja al barranco de San Martín. Por cualquier regato afluente baja abundante agua y el barranco, que normalmente está seco aquí, lleva más de dos palmos. Lo cruzamos y cogemos una senda indicada a la Peña de Amán. Se trata de uno de los monolitos que conforman el conocido Salto de Roldán, visible desde toda la Hoya de Huesca. Mientras que a la Peña de Sen, o de San
Miguel, se llega en pocos minutos desde la carretera de Santolarieta al embalse de Belsué, para encaramarte a este otro hay que coger el camino que llevamos y que hace un largo flanqueo por laderas completamente cubiertas de coscoja mientras sube suavemente. Llegamos a un pequeño collado y, de repente, nos pega un bofetón el viento que casi nos tira para atrás. A partir de aquí, ya no hay tregua. El viento sopla huracanado meneando las matas de coscoja y algunas encinas haciendo un ruido que casi acojona. Si durante el camino nos ha zarandeao el aire en más de una ocasión, cuando llegamos al collado y damos vista al Flumen muchos metros más abajo, casi hay que ir agachado. No sé yo, pero debimos tener rachas muy por encima de los 100 km/h. El sendero ahora va hacia el sur, con lo que llevamos el aire de espaldas y eso favorece bastante la marcha. Bordeamos la peña por una estrecha faja al oeste, nos encaramamos un poco más y nos encontramos las clavijas que, en condiciones normales, no ofrecerían ningún problema  a no ser que se tenga vértigo. Hoy, sin embargo, con el viento silbando y casi arrastrándote, acojona un pelín trepar y llegar a la cima. Lo hacemos, claro, pero nosotros que habíamos pensado en almorzar allá arriba con vistas a la Heroica, Leal, Invicta y dos veces
Vencedora Ciudad de Huesca, los cojones, nos vamos en fuego para abajo que no hay dios que aguante aquí. Aún así, disfrutamos de vistas preciosas de toda la Plana de Uesca verde-primavera, de la Peña de Sen (llena de gente) y la del Fraile a un paso nuestro, solo separadas por el abismo labrado por el río. La bajada, con mucho más cuidado que la subida, tampoco nos da problemas si exceptuamos el viento que sopla más fuerte que antes y que, pa forro bota, está empezando a llover. Aunque aquí hace un sol radiante, en el Pico el Águila, que se ve en lontananza hacia el norte, está lloviendo y un precioso arco iris atraviesa el Flumen de lado a lado. Más información de este peñasco y de todas las leyendas y escaladas a él asociados aquí.
Casi al trote, cogemos la senda hasta algún lugar protegido donde paramos a echar un bocao.
Bajamos un poco por el sendero plagado en estas fechas de espárragos silvestres (Asparagus acutifolius, para los que tienen estudios). Nosotros que, pese a no tener (estudios, se entiende) somos respetuosos con la normativa del parque no los cogemos ¡faltaría más!.
Justo en la cabecera de un pequeño barranco que nace allí mismo y a la altura de una gran tiña espaldada (para los castellano parlantes la traducción sería "edificio exento y normalmente aislado en el monte destinado a resguardar el ganado ovino y caprino hundido" (-el edificio es el que está hundido, no el ganado-) encontramos un hito que nos indica un camino, mucho menos marcado y bastante más jabalinero, que sube hacia el collado Supialla. La subida es intensa, por senda de jabalises (hay huellas de los bichos estos del tamaño de un puño) con abundante barro resbaloso y gravilla patinadora pero al final, nos plantamos arriba para darnos de 
bruces con el conocido como Picón de Mediodía, un picacho bicéfalo, escarpado y solitario que domina el barranco del Águila como si fuera una proa de barco y que se ve, también, desde buena parte de la Hoya de Huesca. Visto desde aquí parece inaccesible, pero nada más lejos de a realidad, queridos y queridas amiguitos y amiguitas. Solo hace falta ganas de subir a él, un poco de resistencia en las piernas y no tener vértigo para encaramarte a su chepa.
Así pues, la sendeta que llevamos empalma con una senda como dios manda que debe ser la que la mayoría de la gente usa. Bajamos al barranco en un cómodo flanqueo en descenso y empezamos a subir por medio de un carrascal hasta colocarnos al pie de la pared donde, aparentemente, se acaba el camino. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, queridos y queridas amiguitos y amiguitas...una brillante y sólida cadena nos invita a continuar por una vira que nos lleva a una rampa en descenso donde sale una senda que va justo por el centro de la pared sur del pico. La subida es corta pero gorda, como la media. Cuando te das cuenta ya estás arriba. Afortunadamente, el viento parece que amaina y, aunque sigue haciendo y nos tenemos que abrigar, podemos disfrutar del paisaje con bastante más comodidad que en la peña precedente y adyacente.
Acojonante, sorprendente y diferente la vista desde aquí hacia el Salto de Roldán. Incluso, desde una mierdeta de picachu como éste, de apenas 1404 m. podemos ver montañas tan lejanas como Cotiella, Telera o el Bisaurín.
La bajada, sin ningún misterio salvo el tener que andar esquivando erizones, nos deja nuevamente en la cadena y en la senda.
Echamos un bocao en un sitio con sol y sin aire y continuamos hasta el pequeño collado. Allí, seguimos  por  la senda más marcada que nos lleva a cruzar el barranco de la Cobeta donde han puesto una cuerda, a todas luces innecesaria, para subir un descarnado y descender hasta empalmar con el camino de subida de ce matin.
Por todas las sendas que hemos recorrido hoy hemos encontrado abundante metralla. O son de maniobras del glorioso ejército epañó (que antes de que subiera el gasoil y la pólvora hacía maniobras por todas partes) o, lo más probable, son de la guerra civil y aquellas laderas fueron escenario de confrontaciones dada la proximidad de Huesca.
Es curioso a la par que singular el gregarismo del ser humano. Desde donde estamos, vemos el parking para ir a San Martín de la Bal d'Onsera petao de coches y donde lo tenemos nosotros no hay nadie. ¿será cierto que la gente va a contados sitios y hay mucho Pirineo por descubrir? Pues seguramente sí
Pues eso, que enseguida llegamos nuevamente al barranco de San Martín (en el que sigue bajando agua abundante) y de allí en apenas unos minutos al coche solitario, tras pasar por un aprisco rupestre (u mallata)  en el que vemos abundantes muestras de erosión alveolar en areniscas producidas por nuestro nuevo amigo, el viento huracanado.
En la vuelta paramos en Loporzano donde nos han dicho que hay un bar con encanto que, lamentablemente, estaba cerrao. Así que la galimba cae en otro garito donde la vista se recrea con el extraordinario paisaje que contemplamos.
Y colorín colorao, esta tontería y la semana santa se han acabao.
Se me olvidaba el track. Aquí está.
Hala pues...

viernes, 29 de marzo de 2013

OROEL, POR LA SENDA DE LOS LOBOS

Sorprendente y magnífico recorrido en una montaña que creía conocer. Pues no, mira por donde, no solo, pese a haber subido muchas veces, no conozco muchos de sus recovecos si no que todavía me quedan otros muchos por visitar. Me parece que Oroel va a ser uno de estos montes a los que acudir cuando este tiempo joputa  no nos deje más alternativas.
Jueves de pasión. Me levanto a las ocho de la mañana con el único afán de hacer algo por el monte. La primera visión es que está lloviendo como si no lo hubiera hecho nunca. Enciendo el ordenador y me meto directo al radar de la AEMET. No solo llueve con reflectividad (dbz) igual o mayor de 30, si no que se aproxima una mancha de precipitación azulverdosa directa a donde estamos. Mecaguenmiputacalavera. No se si echarme a llorar como los hermanos cofrades del Cristo de las Injurias o proceder a injuriar, a grito pelao y mirando al cielo, a la borrasca atlántica y sus frentes asociados. Respiro hondo, desayuno y paso la mañana mirando el radar y las diferentes previsiones. Todas anuncian una ventana de buen tiempo. A las doce deja de llover y a la una sale un tímido rayo de sol. Ni me lo pienso. Me voy sin comer a donde sea.
De hecho, me llevo el gipi sin ningún track.
Parriba nada, sigue cerrado...pal sur parece que está mejor. Bajo hasta Sabi y veo Oroel completamente despejado, solo algunas nubes agarradas en la cima oeste, la de la cruz. Carretera Jaca, Navasa, alto de Oroel y desvío por una carretera llena de baches hacia el parador. De repente se me enciende una luz. En algún sitio he leído, o he visto algún track, de una senda llamada "de los lobos" que sube a esta montaña. Así que estoy atento a posibles caminos que salgan a mi izquierda y, muy cerca del parador, veo una senda perfectamente marcada, que va en la dirección que creo correcta.
Misteriosamente, o no, la montaña que hace unos minutos estaba despejada se ha vuelto a cubrir y empieza a llover otra vez con dos cojones.
Pues ya que estoy aquí, voy a ir a algún sitio, siempre habrá tiempo de darse la vuelta.
Lloviendo a todo llover, me interno por un camino bien marcado que empieza a subir a cuchillo en medio de un espeso pinar. Hay pequeñas manchas de nieve y veo huellas de alguien ha pasado hace unos días por aquí...tiene que ser éste. Al pinar da relevo un precioso abetal con muchos ejemplares recientemente caídos o partidos. La senda se sigue bien, en algún sitio hay indicios claros de que alguien la ha acondicionado mínimamente. De hecho, hay un lugar en que un abeto gigantesco se ha caído cortándola y alguien ha tallado unos escalones en el tronco y ha colocado dos clavijas para las manos.
Sigue lloviendo y las matas de bucho que cierran algún tramo hacen que me ponga como una sopa, pero me da igual, la temperatura es cojonuda y, mientras esto siga así y no vaya a más, no me doy la vuelta hasta llegar arriba. Pues arriba llego, a la punta este, en apenas una hora y, sorprendentemente, hace sol. Hay niebla por todo pero en esa punta se está de muerte. Como parece que el tiempo aguanta, voy a intentar bajar por una senda marcada en el gipi que lleva a la ermita de la Virgen de la Cueva, a ver si es verdad que ha desaparecido. El camino en cuestión se llama de los Costillones o algo así, y consiste en seguir una mínima senda, medio comida por los erizones, que baja en picao por la ladera sur de la montaña hasta el parking donde se dejan los coches para ir a la ermita de la Virgen. De allí, ya no hay pérdida posible. La senda está perfectamente marcada, demasiado a veces. Llanea por medio de un pinar, sortea algunos escarpes de conglomerado por donde mana agua abundante (se ve desde allí un salto de agua que debe ser bastante más alto que el de Sta. Orosia) y llega a donde estaba la ermita. Pues era verdad. La ermita de la Virgen de la Cueva, la misma que dio lugar a la canción, el lugar donde cuenta la leyenda que los cristianos se juramentaron para iniciar la reconquista, de la que hay documentación desde la alta edad media, ha desaparecido. Nuestra amiga la erosión kárstica, junto con nuestra amiga la gravedad han hecho que la balma que la cubría y que formaba una sala en la que cabían
Ermita antes
Ermita ahora
alomenos cientocien personas, se haya caído destruyéndola por completo. Mirando por una ventana que queda, únicamente la zona del altar parece haberse librado de la catástrofe, aunque no se yo si habrá algún valiente que se atreva a entrar a recoger los santos y demás aparejos eclesiásticos que se ven desde fuera.
No se si es bueno o malo, si alguno verá aquí algún símbolo apocalíptico ahora que las profecías de San Malaquías no se han cumplido. Lo que si es cierto es que a desaparecido un trocito de historia, de etnología, de religiosidad popular y de arqueología pues sabido es que estos lugares vinieron a cristianizar, mediante procesos sincréticos, cultos anteriores vinculados a la Madre Tierra y a la fecundidad. Pa mí que esto tiene que ver también con los recortes de Rajoy y sus secuaces...
Echo un bocao (una barrita de muesli reseca y rancia que encuentro en el botiquín) y me subo hacia la cima por el camino normal. Empiezan a pesar ya las piernas cuando llego al collado. Aquí tengo la opción de ir directamente para abajo por el camino del parador o desviarme a la izquierda y, en poco tiempo, ganar la cima oeste, donde está la cruz. El tiempo aguanta aunque hace mucho viento y bastante frío. Veo gente que baja. Venga, ya que estamos, le digo al perro. Iniciamos una media ladera por camino perfectamente marcado. Me junto con los que bajan y, a mi saludo, no me dicen ni allá te pudras...serán gilipollas. Qué tiempos aquellos en los que todo dios saludaba por el monte. La cruz aparece y desaparece envuelta en boiras cada vez más compactas. Hay una cosa que me llama poderosamente la atención de este trozo último de camino,  y es que está plagado de sílex. Geológicamente son conglomerados deltáicos formados por cantos redondos, normalmente de arenisca y algo de caliza, como los de Sta. Orosia o Riglos. Sin embargo aquí, mezclados con esos cantos, hay muchísimo nódulo de sílex también rodado y que, si no te fijas, pasan desapercibidos al teñirse del mismo color que el cemento calizo que los aglutina.
Bueno, al cosa es que llego a la cruz, hago un par de fotos de la Canal Ancha algún rato de los que se me deja ver, me echo toda la ropa que tengo encima y empiezo a bajar que hace un frío que pela y el sol se adivina peligrosamente abajo en el horizonte.
La bajada la hago por otro camino que va paralelo a los cortados de la cara norte hasta llegar al colladito donde sale el camino del parador. Éste es el normal de subida y, como tal, está muy pateao. Hay nieve muy pisada pero está blanda de la lluvia con lo que se baja relativamente rápido. Aún encuentro un tío que sube ahora y que me dice que quiere bajar con la luna llena. Jodo, pues como no cambie esto...complicao lo tienes para ver la luna.
Conforme voy bajando sale más el sol. Ese sol de primavera radiante y que casi no hemos visto desde enero.
En el parador todavía queda gente aunque ya es casi de noche. Continúo unos metros por la carreta, que se me hacen muy largos, hasta llegar al coche al que llego cinco horas justas después de salir.
Precioso y largo recorrido. Sin duda, el mejor momento para realizarlo será finales de mayo o primeros de junio cuando aquello esté cuajado de flores de arizón y otras plantas que ahora están acojonadas con este invierno que no se acaba de ir. Si alguno lo quiere repetir, aquí está el track.
Hala pues...

lunes, 25 de marzo de 2013

ERATA, DE LA PRIMAVERA AL INVIERNO EN APENAS DOS HORAS

Pues sí, la verdad es que ya cansa. El subir a Erata y, sobre todo el tiempo asqueroso joputacabrón que nos está haciendo y que, por lo visto, nos va a deleitar esta Semana Santa.
Sábado sabadete y, como viene siendo habitual, pronóstico de lluvias y nevadas. Pequeña ventana de buen tiempo para la mañana. ¿A dónde echamos nuestros cuerpos serranos? Silvia y JC. se van a Burrambalo y yo había quedado con Ana y Begoña para hacer algo suave y que nos de tiempo para volver a casa a comer. Tras sopesar la posibilidad de acompañar a nuestros amigos de Tierra baja, decidimos que mejor nos subimos a Erata, que es bastante más suave y así estiraremos las piernas y quitaremos el belén que ya va siendo hora. Le pego un toque a Pirene y se anima a acompañarnos. Usease, que mejor acompañao imposible.
El año pasado, a primeros de marzo, subimos a quitar el belén en una tarde tonta después de currar. Estaba todo el monte completamente pelado de nieve y los narcisos anunciaban ya la inminencia de la primavera. Este año, en cambio, a finales de marzo hay un paquetón de nieve de flipar.
Quedamos a las ocho en la plaza. Presentaciones y besos pa todas y pa mí.
Subimos con los coches hasta la ermita de San Chuan. Hasta allí la pista está limpia de nieve pero cinco metros más allá de la ermita, hay una cuniestra (o ventisquero) que impide completamente el paso (con vehículos a motor, se entiende).
Nos calzamos las raquetas desde el coche aunque luego hay que quitárselas a ratos ya que hay trozos de pista sin nada hasta llegar a las proximidades del collado de Yesero. Aquí la nieve es ya continua y con espesores considerables.
Hasta aquí hemos subido con sol, sin nada de viento y con mucho calor. Tanto que hemos procedido a quitarnos ropa hasta quedarnos....¡eeeeeeh! ¿Qué esperabais? En manga corta.
Decidimos (bueno más que decidir, les sugiero yo) que en vez de subir por la senda que está toda venteada y en la que se ven aflorar piedras o subir por la senda de las fuentes que estará borrada, con la nieve inclinada y será un coñazo para las raquetas, abordar las pendientes de frente, haciendo ligeros zigzag hasta plantarnos en la cima.
Dicho y hecho. Estas zagalas agarran esas rampas que da gusto verlas petenar de cara parriba. Llevamos tres cuartas partes de ladera cuando, de repente y sin avisar, me pega un bajón, pajarón o flojera que me deja pal arrastre. ¡Ya aprenderé a salir en ayunas, ya...! el caso es que, pobrecicas mías, me tienen que esperar un rato hasta que llego a su altura y poco después a cima.
Jooooodo. Si hasta aquí hacía calor, en la cima nos recibe un viento que acojona y que nos baja la temperatura en zerocoma.
Nos arribamos a la ermita de San Benito, que está envuelta en nieve por dentro y por fuera, y echamos un bocao a resguardo de las paredes. Me toca palear un rato para poder abrir la puerta y rescatar el belén que está totalmente enrronao.
El viernes a última hora, contraté a dos quebrantahuesos para sorprender a estas zagalas y que nos vinieran a visitar mientras almorzábamos. Aquí los tenemos, apenas a unos metros sobre nuestros cráneos planeando y haciendo pasadas mientras giran la cabeza, nos miran y nos guiñan el ojo. Anda que!!!!!, ¿será posible que no se lo creen?, lo del contrato con los bichos estos digo...
Otra cosa nos llama la atención. Mirando hacia el horizonte, vemos que donde deberían estar Silvia y J. C. hay un pedazo de nube grande como mi cabeza y negra como mi alma. Les pegamos un toque por teléfono y nos dicen que están ya bajando y que nosotros no vamos a la zaga, que se está formando otro pedazo de nube negra justo encima nuestro. ¡Qué bonito es esto de la tecnología!. ¡Os vais a mojar! Je, je, je ¡Pues anda que vosotros...! Juas, juas, juas.
Procedemos a bajar por la directa, (cosa de la que Bego se alegra enormemente tal y como me demuestra con sus cariñosos comentarios) pues, efectivamente, se está formando un pedazo nubarrón  -cúmulo congestor pa los listos- que ya está empezando a descargar en Escuer y del que vemos como se acerca la cortina de agua a velocidad de vértigo.
De todas formas, no merece la pena ni correr. Nos va a pillar igual....el caso es que bajamos directos hasta la fuen d'os Comos mientras la atmósfera nos deleita con un selecto y variado muestrario de meteoros en forma liquida, sólida y/o gaseosa en el que no falta lluvia, viento, nieve o granizo. Tal como ha llegado se va y la cortina de precipitación se va a amenizar otras latitudes más septentrionales mientras a nosotras y nosotros (a mi y al perro, se entiende) nos vuelve a salir el sol que nos deja bajar justo hasta el coche donde empieza, otra vez, a llover.
Pues hombre, mal, mal no ha ido el día, si quitamos el pajarón y el frío de arriba. Lo siento por Pirene que apenas ha podido disfrutar de las vistas que nos brinda este monte...pero bueno, así tendrá excusa para volver a subir por Yésero o por Ainielle, por donde más le plazca. 
Justo cuando entramos en Biescas, nos juntamos con J. C. y Silvia. Hala, nueva tanda de presentaciones y besos mientras nos vamos a un bar a celebrar que nos conocemos ya todas y todos y empezamos a  conspirar de cómo juntarnos algún día (kedada, creo que se llama eso)  y hacer algún barranco o algún monte . Eso, claro está, si algún día deja de llover y sale el sol, que no creo...
Hala pues...