La primera parte se desarrolla cómoda, sin prisas y charrando tranquilamente por pistas
con desniveles razonables hasta llegar a la confluencia de la que sube desde Vadiello y, poco después, a la barrera que limita el paso de vehículos.
Hasta ahora la ruta está siendo anodina y poco atractiva, cosa que suple la grata compañía, la conversación y las vistas hacia el norte donde despuntan los murallones sobre los que vamos a cabalgar en breve.
Pues si, en una curva de la pista, se coge senda a la derecha que nos lleva, en un cómodo flanqueo, justo detrás de los Mallos d'a Liana, concidos popularmente como "los Pepes" y de donde la arista recibe su nombre. Parada refugiados del puto viento a echar un bocao y buscamos el único punto por el que se pueden flanquear, a no ser que seas spiderman o similar, para situarnos al este de los mallos ya metidos en un mundo absolutamente mineral y sorprendente.
La cresta, en realidad, no tiene nada de dificultad si exceptuamos dos pequeños pasos de clavijas que se pasan sin mayores problemas... bueno, alguna si que los ha tenido pero es que no hay costumbre, coño... y además este p*t* viento no ayuda nada.
La cosa es que, tras rebasar los pasos, que más que dificultad lo que ponen es el punto de divertimento, solo nos queda subir y bajar por esos conglomerados, con abismos por todos lados,
hasta llegar al punto clave donde se abandona momentáneamente la cresta para subir al pico Borón.
Si hasta ahora hemos andado por conglomerados deltáicos del oligoceno, la cúpula del Borón lo conforman calizas del Eoceno (+- 10 millones de años más antiguas, día arriba, día abajo) cuajadas de foraminíferos. El punto de contacto y cabalgamiento es un bucólico collado, situado muchos metros más abajo y a donde nos tenemos que dirigir, no sin cierta pereza, pues ya se sabe que en la montaña nadie regala nada y lo que se baja, tarde o temprano, se tendrá que subir... a no ser que ya estemos llegando al coche, que no es el caso.
Pues una vez en el prado en cuestión, nos queda una ladera de gleras sueltas con multitud de caminos trillados por las cabras que nos suben, no sin esfuerzo, a los 1327 m. que constituyen la cúpula cimera y uno de los mejores miradores de toda la sierra de Guara (con permiso del Tozal y de Fragineto que los tenemos allí, al alcance de la mano.)
Vuelta otra vez a la cresta y paramos a echar un bocado que ya empieza a ser hora.
Para rematar un día que está saliendo perfecto vamos a intentar subir el Mallo de San Jorge que el que esto escribe subió en su juventud a pelo y lo recordaba como una de esas gestas que solo se hacen en los años mozos, como lo de beberte cuatro cubatas seguidos y de trago o lo de entrarle, con escaso éxito dicha sea de paso, a una docena de mozas en una noche. Llegados a la base del peñasco en cuestión, contemplamos con regocijo que se ha instalado una sirga en una vira colgada y, donde se abre un abismo de 200 m. protegido únicamente por clavijas, se ha colocado una cuerda a modo de línea de vida que facilita, o al menos así lo creemos, notablemente el ascenso.
Subimos solo los mastos. Las mujeres, mucho más prudentes, se quedan abajo. Lo cierto es que resulta muy fácil (y muy espectacular) llegar arriba mientras se me ponen los pelos como escarpias de imaginarme a mi mismo (y a una cuadrilla de descerebraos como yo), hace más de 20 años, vestidos con chándal de mercadillo y zapatillas marca "maripis" subiendo la Canal del palomo sin línea de vida y sin la mitad de las clavijas y luego, supongo que borrachos de adrenalina y testosterona recién adquirida, trepar a este zaborro creyéndonos invencibles e inmortales... si algún día encuentro las diapositivas de ese día, prometo colgarlas.
Bueno, pues que una vez arriba, en vez de destrepar, buscamos una instalación de rápel que te deja, 30 metros más abajo, donde nos esperan nuestras amigas o esposas... cada uno lo que considere de cada cual.
Ahora solo queda buscar la canal que nos llevará, entre destrepes y agarradas a buchos, a orillas del embalse de Vadiello donde la naturaleza se torna mansa y los caminos son llanos y asfaltados... nada que ver con los parajes por donde hemos transitado hace muy poco y que quedarán para siempre en nuestras retinas y en nuestros recuerdos. (Para algunas más que para otros...je,je,je...)
Aquí tenéis el track aunque no hay pérdida... de hecho, si dejáis el camino lo más fácil es que os despeñéis.
Hala pues,


